Ayer al darnos el alta y llegar por fin a casa puse a cargar el teléfono, primero llamada a mi madre, y después una entrada cortita en el blog. Como no era momento de entrar en detalles no se me ocurrió chorrada mayor que el trabalenguas, lo siento. Pero me hace gracia que todas dierais por sentado que todo había salido bien. ¿Y salió bien? Pues imagino que sí. Comenzamos por el principio, porque si empezamos por el final llegamos al trabalenguas y se acabó la historia.
No podía comer ni beber nada Parrulín desde las 2 de la mañana. Acostumbra a pedir uno o más biberones de leche durante la noche. Que tiene ya casi cuatro años! Bueno, sí, ya lo sé, pero en mi casa los besos, los abrazos y los biberones de leche siguen siendo a demanda. Le explicamos que no podía tomar leche ni desayunar al día siguiente y mi santo le dio un último biberón (sin demanda previa) a la 1:50 al que había añadido aceite de oliva. Qué asco, no? Pues no sé, que yo no lo probé, pero según mi santo era para que le llenara más la barriga. Y como su primera idea era añadirle una clara de huevo pues casi mejor un chorrito de aceite. Inventos de mi santo.
En fin, nos levantamos. Lo primero la intendencia. Llevo una bolsa con un pañal para la operación, un pantalón porque irá en chándal, un biberón para después, un cartón de leche por si acaso, unas galletas por si acaso y un par de cuentos para leer. Santo ¿qué más llevamos? Lleva también un par de zumos, unas avellanas, unas galletitas saladas y unas nueces. Ejem… ¿todo eso es para el niño o para ti? Bueno… para los dos. Vaaale. Bolsa preparada. (Un poco más y me llevo el carrito de maruja de ir al mercado) Ultimo momento, mete también el paracetamol infantil y el efferelgan en supositorios. Pero no tendrán allí? Por si acaso. Vaaale.
Despertamos a Parrulín, camino del hospital el tío va feliz de la vida. “Mamá hoy es fiesta!” Bueno, no tienes cole, pero fiesta, fiesta… “Después del hospital hacemos una fiesta!” Lo que tú quieras mi amor. “Mira! El retiro! Podemos ir al retiro después del hospital?” Eh… si quieres sí, cariño. “Papá, que has adelantado a un taxi de la L, muy bien papá!” “Oh, papá te ha adelantado un taxi de la X, qué faena!” En fin, que parlanchín, contento, y bien.
8:30 am. Llegamos, hacemos el ingreso y nos mandan a planta. Allí esperamos en un pasillo tres horas. Tres horas? Si, si, tres horas! Desde las 8:30 hasta las 11:30 que nos dieron habitación! Super bien pensado. Primero pasan los más bebés, normal, lo entiendo. Pero luego el médico no da las altas para ellos y empiezan a pasar los adultos hasta que vuelvan a quedar libres las camas de los niños. Que digo yo, que si me dicen que esté allí a las 10 o las 11 yo encantada, pero hacernos esperar tres horas en un pasillo con niños pequeños, sin comer ni beber, al principio sentados modositos, luego entretenidos con los teléfonos de sus padres, luego leyéndoles un cuento, luego conociendo al niño de al lado, luego corriendo por el pasillo, luego que dice uno Quiero agua! luego que se contagian todos y todos quieren agua, luego que preguntas si queda mucho, luego que te dicen que no sabe, luego turnándote con los padres de al lado para vigilar a dos niños a la vez, luego oyendo a los que salen ya operados chillar y llorar como cochinos, luego niños aburridos, luego padres turnándose para bajar a tomar un café, luego niños cansados, luego niños pesados y a las tres horas niños insoportables! Me pongo en su lugar y lo entiendo y procuro que lo lleve lo mejor posible y yo también.
Versión de madre y embarazada: Hay que ver qué sillas más incomodísimas, de plástico. Parece mentira que esto sea un hospital privado. Parece mentira que esto sea un hospital pediátrico. Pobre niño. Cuánto queda? Vaya silla más incómoda. Que si, Parrulinchi, que es incomodísimo, ya lo sé, tranquil@. Voy a ver si de pie… Voy a ver si mi santo se queda con él y me tomo un café. Vuelvo. Vaya silla más incómoda, ya no sé cómo ponerme. Que si, Parrulinchi, que es incomodísimo, ya lo sé, tranquil@. Voy a ver si dando un paseíllo por aquí… Joder, los operados chillan y lloran como cochinos, pobrecitos míos. Cuánto queda? Creo haber visto un lindo gatito, digo… una máquina de refrescos. Vaya! Está vacía. Parece mentira que esto sea un hospital privado. Parece mentira que esto sea un hospital pediátrico. Vaya silla más incómoda. Que si, Parrulinchi, que es incomodísimo, ya lo sé, tranquil@. Voy a ver si llamo a mi madre que debe de estar preocupada… Cuánto queda? Charlo con la madre de al lado, tiene un hijo mayor, ya ha pasado por esto, está tranquila, parece maja. Vaya silla más incómoda. Que si, Parrulinchi, que es incomodísimo, ya lo sé, tranquil@. Cuánto queda? Wachapeo con las taradas, que deben de estar preocupadas también. Joder con la madre de al lado, lo que fala, Dios mío. Voy a ver si encuentro otra máquina de refrescos… Cuánto queda? La enfermera no lo sabe. Esto de tener una enfermera que nunca sabe nada es un chollo, oye. Vaya silla más incómoda. Que si, Parrulinchi, que es incomodísimo, ya lo sé, tranquil@. Así, tres horas.
11:30 am. Por fin nos llaman para que pasemos. Nos dan una habitación, nos dicen que le desnudemos, pongamos un pañal y le ponen una bata de hospital de esas como de papel y con unas tijeras le cortan los bajos para no pisarse. Parrulín encantado, dice que es un disfraz de pirata. Le hemos explicado que le operarán dormido, así que un par de veces insinúa que no se va a dormir para que no le operen, pero le decimos que esperarán a que se duerma y operarán igual. No parece preocupado ni asustado, pero el hecho de insinuarlo… parece que no lo tiene nada claro. Pobriño, es lo que hay. Cuánto queda? No saben. Esto de tener una enfermera que nunca sabe nada es un chollo, oye.
12:00 am. Oímos a un médico decir Más veges! Le dice la enfermera que nunca sabe nada, pero en este caso parece que sí: En la 125, se llama Parrulín. Y entra en la habitación. A ver, Parrulín, que nos vamos! Le damos un beso y se lo lleva en brazos. Con 20 kg y dos cojones! El niño se va tranquilo, o al menos eso parece. Cuándo volverá? La enfermera que nunca sabe nada no lo sabe, para variar. Mi santo que se baja a tomar un café, yo prefiero esperar aquí, será como 30-45 min. Te traigo una coca? Pues yo encantada cariño, pero es que me está dando unas patadas Parrulinchi que será mejor que no. Si encuentras una fanta de naranja, o si no una botella de agua. Madre mía, la de años que no me tomo yo una fanta de naranja. Desde que cambiaron la fórmula y dejó de ser naranja radioactivo ya no es lo mismo. Como la mirinda, qué buena estaba la mirinda, recuerdo de pequeña tomarme una mirinda en Galicia y ponerme de tapa una nécora. Qué tiempos aquellos! Voy a respirar a ver si se relaja el Parrulinchi. Cuánto queda? Llamo a mi madre y wachapeo con las taradas, que ya se lo han llevado. Mi teléfono se queda sin batería, no me extraña, ha jugado con él durante horas.
12:45 am. Otro que llora como un cochino, pero este parece que es mi cochino querido. Sí, sí es. Parrulín! Cómo estás, mi amor? El médico que lo trae en una camilla me dice que muy enfadado, que ahora vendrá el médico a hablar con nosotros. Parrulín, ven conmigo, mi amor, no llores, ya pasó, mamá está aquí contigo. Nos tumbamos juntos en la cama, no nos habla, sólo llora, no nos contesta a nada, sólo llora. Cariño, ¿y si nos lo han dejado mudo? Que no mujer, si berrea no está mudo. Caricias y canciones bajitas. Parrulín, guapo, ¿te duele o estás asustado? Al final me dice que asustado. Podemos darle un biberón para que se duerma? La enfermera que nunca sabe nada no lo sabe. Tardamos mucho en calmarlo. Muchísimo, pobrecito mío. Le leo su cuento preferido, el rey león. Estoy tumbada con él en la cama, no hay almohada, incomodísimo encontrar la postura. Al final de tanto llorar se duerme. No hay barandilla en la cama. No hay una manta. Parece mentira que esto sea un hospital privado. Parece mentira que esto sea un hospital pediátrico. Le tapo con mi abrigo, le apago la luz. Otro que llora como un cochino, bueno, pobre, ese llora como un montón de cochinos juntos, que le duele el oído, a gritos, pobre. Cierro la puerta de nuestra habitación.
2:00 pm. Viene el cirujano, que todo bien, nos da un informe y el alta. Pues mira, ahora te esperas a que el niño despierte, nos lo tomaremos con calma. (Ojo, que sabemos que ya no hay niños pendientes) Lo despertamos tranquilamente. “Leche!” Preguntamos si puede. La enfermera que nunca sabe nada no lo sabe. Que nos puede dar un vaso de agua para él. Qué coño! Si puede beber, puede beber, le damos el biberón y lo coge encantado. Empiezo a vestirlo. “Mamá, me vas a noner el nantalón?” El qué? “El nantalón!” Cariño, que no está mudo, que nos lo han dejado gangoso! No mujer, es por la inflamación, se le pasará. Seguro? Seguro. Mira que yo lo de los gangosos o los tartamudos lo llevo muy mal, no les entiendo nada y me ponen muy nerviosa.
2:15 pm. Salimos por fin del hospital. Va tomando un zumito por el camino. Al llegar al coche dejo el zumo en el capó para atarle a la sillita. Se me olvida. Al ponernos en marcha atropellamos a un pobre zumito de melocotón. Ya estoy viendo los titulares “Zumo de melocotón muere atropellado en el parking de un hospital” Descanse en paz.
2:45 pm. Ya estamos en casa, Parrulín no quiere comer, no importa, no quiere dormir la siesta, no importa. No le duele, no le damos nada de analgesia. Quiere ver una peli. De acuerdo. Vemos el Arca de Noe (qué obsesión!) y luego no me acuerdo qué. Sigue sin querer dormir la siesta pero yo sí me voy a la cama un rato.
7:00 pm. Después de toda la tarde viendo películas le convenzo para que me acompañe al súper a elegir los yogures que quiere. Planazo! Si, ya lo sé, pero debía de salir un rato a oxigenarse! Compramos petisuis y quiere salchichas también. Vale. “Nalchichas!” Sigue gangoso. Ay como se quede así…
9:00 pm. Llamamos otra vez a la abuela. Parrulín, que eres un campeón! Te voy a comprar un regalo! “Bueno, vale” Lo que tú quieras! “No, lo que nieras tú” Bueno, vamos juntos “De anuerdo, yo lo enijo y tú lo nagas (yo eligo-tú pagas)” Ja, ja, de acuerdo! Sigue gangoso. Ay como se quede así… No quiere cenar pero termina tomando dos yogures, una gelatina, una pera y dos salchichas y media, por ese orden. Para no querer cenar no está nada mal. No me preocupa.
Ha dormido bien, lo hemos dejado en la cuna para tenerlo más cerquita. Yo me he ido a trabajar y se ha quedado con papá. Acabo de llamarle ¿Cómo está? Está perfectamente, no te preocupes. ¿Le duele? No, dice que no. ¿Quiere comer? Se niega terminantemente. ¿No ha comido nada todavía? Bueno, si, ha desayunado un sobre de jamón ibérico y una manzana, pero dice que no quiere comer, te lo paso a ver si lo convences. Hola mi amor! “Hola mamá!” Te está cuidando bien papá? “Si, muy bien!” Yo estoy trabajando pero en cuanto termine voy para allá. “Siiiiii” Mientras vas a comer una sopita, de acuerdo? “No, hoy no niero nomer ni nenar!” Sigue gangoso. Ay como se quede así…
♫ Y aquí se acaba la historia chuchuá, de la desvegetación, chuchuá, chuchuá, que empezó con un retraso… y gangoso se quedó, bum, bum, bum, bum, chuchuá, chuchuá ♫
Antes una conversación en el metro porque hila con las siguientes. Parrulín qué quieres cenar? “Mmmm… carne” De acuerdo, y de verduras? “Pues… una verdura que empieza por E” Espárragos! (Que sé que le gustan) “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” Pues es que se nos han acabado cariño, no puede ser. “Pues… una verdura que empieza por Ch” Champiñones! (Que también le gustan) “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” No sé si tenemos, creo que sí. “Bueno, si no hay, una verdura que empieza por I” (Por I? Ah! Ya caigo! Qué bueno! Qué risa! Esta me la sé, que me la sé!) Guisantes! “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” Porque son las únicas tres verduras que come, que si no… Los pasajeros se reían con lo de los guisantes por la i.
El lunes se quedó con mi madre porque estaba malito, la llamo por teléfono para saber cómo está, me lo coge Parrulín “Hola mamá! A que no sabes qué animal es este?” Eh… es que no lo veo, cariño. Un dinosaurio? (Es el que tiene más opciones) “Noooo!” Me puedes dar una pista? “Tiene trompa” (A estas horas de la mañana? Ja, ja, ja) Un elefante! “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” ¿Está la abuela, cariño? “Está en el baño” Ah. Bueno, pues charlamos un poquito.
“A que no sabes qué animal es este?” Eh… es que tampoco lo veo, me puedes dar una pista? “Tiene plumas de colores en la cola” Un loro! “Noooo!” Un tucán? “Noooo!” Y oigo a la abuela: Extiende las plumas para atraer a las pavas. (Pedazo de pista!) Un pavo real! “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” Genial! Dile a la abuela que se ponga, por favor.
“A que no sabes qué animal es este?” Eh…una pista? “Tiene cuatro patas” (Ostrás se me complica la adivinanza) Un… caballo? “Noooo! Vive en el bosque.” Y oigo a la abuela: Es amigo de la zorra. (De la zorra animal o de otro tipo de zorra? ja, ja) Un zorro! “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” Dale el teléfono a la abuela, anda, por favor.
“A que no sabes qué animal es este?” Eh… venga, otra pista, es la última eh? “Tiene la cola cortita” (Otra que no es fácil pero me siento inspirada. Digo un cerdito? No, no, mejor…) Un pez! “Siiii, muy bien mamá, lo has adivinado” Oooole!
“A que no sabes qué animal es este?” Pues no, puedes pasarme a la abuela por favor? “Empieza por ja” (Por ja? Ja… ja… jamón?) Jaguar! “Noooo, pero si ese animal no existe! El animal es Haway! Ha-wa-y! Has perdido!” Y me cuelga. Yo muerta de la risa, que ya no podía más.
La llamada era para preguntar si estaba bien el niño, a pesar de no haber conseguido hablar con la abuela doy por hecho que está perfectamente, esperaremos a la hora de comer a ver qué tal.
Es la hora de comer y es la abuela la que me llama. Mira, que ha comido muy poquito, que no quiere. Le digo que no importa, que no lo fuerce, que lo importante es que… “Hola mamá!” Hola cariño! ¿Le puedes dar el teléfono a la abuela por favor? “Siiii” Mamá, que si no come no importa, que lo importante es que… “Hola mamá!” Hola cariño! “A que no sabes qué color es este?” Eh… es que no lo veo. Me puedes dar una pista por favor? “Empieza por O!” (Por O? Por O? Pues es que ahora mismo no se me ocurre ningún color con O) “Venga, di uno mamá!” Eh… (Me parto yo sola menos mal que no hay nadie en la oficina… porque se me ocurre uno y me río más aún…) Omarillo! Ja, ja, ja, ja! “Que no, mamá, que era el rojo!” Ah! Ja, ja, ja! “Has perdido!” Y me cuelga.
Insistiré. Vuelvo a llamar. Lo coge la abuela, Mama-que-lo-importante-es-que-beba-agua, le suelto así, sin respirar.Ya mujer, hasta ahí llego. Bueno. Te lo paso? No, no me lo pases más, que tengo que trabajar! Que os veo dentro de un rato. Un beso.
¿Que cómo anda Parrulín? Pues ayer lo mandé al cole con una notita para que le dieran dieta blanda. Les ponen una pegatina de dieta en el baby antes de subir al comedor. Vio que había paella, que le gusta mucho, y se quitó la pegatina el muy…. Se zampó la paella y no tuvo ningún problema. Diagnóstico: curado.
Sábado por la mañana, vamos a comprar los billetes para irnos a Galicia en Semana Santa. Yuju! Hace justo un año que no vamos, y yo acostumbraba a ir en verano, en cada puente largo… lo echo muchísimo de menos, tengo unas ganas locas de estar ahí, de ver a mi tía, de pasear por el pueblo (y recorrerlo entero en media hora) de acercarme a la punta del muelle a enseñarle a Parrulín los barcos, de ir a la playa si no llueve a jugar con la arena, de chapotear en los charcos si llueve, de comer cositas ricas… Y es que a mí el pulpo en Madrid me sabe diferente, qué le voy a hacer! Esperábamos a ver que decía el médico para coger los billetes, y para variar hemos esperado demasiado, así que hemos tenido que coger lo que había. Pensaba pedirme libre el lunes santo, pero al final no había billetes de ida ni el miércoles ni el jueves, así que me voy el martes por la noche en tren, con Parrulín y mi madre, me pido libre el miércoles, y vuelvo el domingo por la noche en autobús con Parrulín. Llegaré el lunes a las 7 de la mañana, iré a casa a dejar las maletas y el niño, darme una ducha rápida, y a currar! Yuju! Me parece que tengo tantas ganas de ir que se me va la pinza. ¿Cómo se me ocurre viajar toda la noche sentada, embarazada, con niño y además ir luego a currar? En fin, si no lo hago ahora no lo podré hacer nunca, así es la vida. El que algo quiere algo le cuesta. Lo que me va a costar es recuperarme de la paliza, pero bueno.
Llega la noche Parrulín ¿qué quieres cenar? “Tortilla!” Cuando ha sido la última vez… Vale ¿Cuántos huevos? “Tres!” TRES?? Eso es mucho. “Quiero tres!” Bueno vale, me comeré las sobras. Pero no sobró nada de nada, se comió la tortilla entera, dos petisuis y un biberón de leche antes de dormir. En fin, estará creciendo, pienso. Ingenua de mí!
Domingo por la mañana, hora intempestiva, de la hora vieja y de la hora nueva, intempestiva de todas formas, mi santo me despierta porque se tiene que ir de guardia. Me despierta porque enciende todas las luces, varias veces, se choca contra la puerta, contra el armario… Viene a decirme no se qué… Hombres! Si no fuera por lo mucho que le quiero… El niño, que me lo había dejado puesto en modo Murphy, creo, porque nada más cerrar la puerta el padre, chilla, quiero leche!! Me levanto, le doy leche, lo meto en mi cama, que se duerma por favor, que se duerma. Se duerme. Y yo lo intento pero ahora no me sale. Mierda! Claro, tanto jaleo, tanto jaleo… Me levanto, me tomo un cola cao, que siga durmiendo por favor, que siga durmiendo, me vuelvo a la cama, el niño sigue puesto en modo Murphy, es apoyar yo la cabeza en la almohada y despertarse todo feliz “Vamos al salón!” Mierda! Si no fuera por lo mucho que le quiero…
“Vamos al parque?” De acuerdo, pero antes un café en un bar. Parrulín pide una porra. Vaaale. Parrulín pide otra porra. No puede ser. “Es que quiero otra porra por favor!” Vaaale. Un poco de parque, un poco de patinete y volvemos a casa. “Mamá, qué mal me han sentado las porras, me duele la tripa!” Y los tres huevos de ayer, ¿no será eso? Bueno, cariño, enseguida se te pasa, no te preocupes. Se queja y no quiere comer, no lo insisto y dormimos juntos la siesta. Como insiste en que le duele le doy un poco de paracetamol para el dolor. Mando un mensaje a mi santo para que me llame. Nada.
Al despertar le ofrezco comida, no quiere, quiere un poquito de leche, y se la doy. Vomitona al canto! Más concretamente al canto de la mesa, pero también encima del sofá, con manta y funda incluida. Muy bien Parrulín, ahora te vas a sentir mejor, ya lo verás! (Y yo encima haciéndole fiestas, porque le veía cara de asustado con tanto escándalo) Ala, a duchar al niño y ducharme yo, sacar toda la ropa, poner lavadora, y fregarlo todo. Vale, ya está. Si no fuera por lo mucho que le quiero… Llamo a mi santo, no me lo coge.
Parrulín pide agua, de acuerdo, a sorbitos pequeños, eh? Se bebe el vaso entero. Vomitona al canto! Más concretamente al canto de la silla, pero también encima del sofá, con manta nueva incluída, que funda ya no había. Muy bien Parrulín, ahora te vas a sentir mejor, ya lo verás! (Y yo, sigo haciéndole fiestas) Ala, a duchar al niño y ducharme yo, sacar toda la ropa, poner lavadora, y fregarlo todo. Vale, ya está. Si no fuera por lo mucho que le quiero… Llamo a mi santo, no me lo coge.
Ya empiezo a estar un poco preocupada. Me preocupo aún más cuando me dice que le duele el cuello. ¿Dónde? Pero le miro a ver y no tiene el cuello rígido, le duelen los laterales porque tiene los ganglios inflamados. Típico, esto es un virus. Te estás agobiando por estar sola, no te pongas paranoica. Si yo estoy tranquila él estará tranquilo. Ommmmmm…
Parrulín tiene hambre, venga va, pues una manzanita, le corto un cuarto de manzana en trocitos pequeños, que come despacito. Vomitona al canto! Más concretamente al canto de la mecedora, y de otra manta, se salva el sofá. Muy bien Parrulín, ahora te vas a sentir mejor, ya lo verás! (Y yo que sigo haciéndole fiestas, con más moral que el alcoyano) Ala, a duchar al niño y ducharme yo, sacar toda la ropa, poner lavadora, y fregarlo todo. Pongo también un lavaplatos porque ya que estoy… Vale, ya está. Si no fuera por lo mucho que le quiero… Llamo a mi santo, no me lo coge. Pero este está trabajando o se ha ido al exilio? Busco en internet el teléfono de donde está en urgencias y consigo hablar con él.
Cariño, el niño está malo y ya no sé qué hacer. Tiene la tripa blanda aunque muchos ruidos, no tiene fiebre, tiene ganglios en el cuello, su estado general es bueno, está contento y activo, ha vomitado tres o cuatro veces, sólo le duele en el momento del retortijón y vomita escandalosamente, luego se le pasa. ¿Qué hago? Me dice que si no lo veo como para irme a urgencias. A ver, si quieres que lo lleve lo llevo, pero yo no le veo muy malo. Mira a ver si tiene la lengua mojada ¿? Eh… saca la lengua cariño. Si, está mojada. Vale, no se está deshidratando. ¿Está ojeroso y con los ojos hundidos? No cariño, está bien, sólo vomita mucho, te digo que su aspecto general es bueno. ¿Tiene puntos o estrías rojas en la tripa? ¿? Eh… espera que miro a ver. No. Menos mal! ¿? Bueno vale, quieres decirme qué hago? Nada, sigue así hasta que yo llegue, a no ser que lo veas muy hundido y os vais a urgencias. ¿Cuándo llegas? A las once o así. Tócate los huevos! Vaaaale. Pues vaya ayuda!
Pasamos el resto de la tarde entre la mecedora y el sofá, no está especialmente malo ni especialmente mimoso ni apagado, pero yo estoy preocupada. Como no va a ir al cole no le acuesto a su hora, nos quedamos viendo una peli a ver si se duerme o si llega papá, lo que suceda antes. Nos tragamos la peli del arca de noé y dos capítulos de pitufos (si, lo sé, soy una santa) hasta que llega papá.
Llega, y todo son fiestas y juerga. Se pone en modo profesional, saca el fonendo, le ausculta la tripa, le toca el cuello. Tiene la tripa blanda aunque muchos ruidos, no tiene fiebre, tiene ganglios en el cuello, su estado general es bueno, está contento y activo, esto es un virus. Cojonudo! Eso ya lo sabía yo! Papá le da un zumito que el niño bebe despacito y no lo vomita. “Qué bueno es papá que me ha curado!” Qué buena es mamá que lleva una tarde de locos y ha puesto tres lavadoras! Ah, no, no toca. Si cariño, vaya suerte! Dice mi santo ¿Cuánto paracetamol le dábamos? 1,5 Vale, pues dale 1,5. Di que sí, hombre, lo que diga la arquitecta. Se pasa toda la noche con biberones con un poquito de suero, si le damos mucho capaz de beberlo todo de golpe y vomitarlo todo, así que mi santo o yo le ofrecemos a cada rato. Ha vuelto a dormir en su cuna, por tenerlo más cerca, no ha vomitado más y parece que todo va bien, aunque hoy no irá al cole.
Estoy agotada. Juro que para la próxima cojo el fonendo, hago el paripé y me llevo yo las glorias, porque lo que más me ha fastidiado de todo no ha sido el fregar, las lavadoras, sacarlas, ponerlas… sino el “Qué bueno es papá que me ha curado!” Tócate los huevos!
Diecisiete semanas
Tu bebé mide aproximadamente 16 cm. Y pesa unos 155 gramos. Aaaala, dentro de poco se me acaba la regla para medirlo, ja, ja!
La glándula tiroides comienza a funcionar y a fabricar la hormona tiroidea. Genial! Aunque nunca he sabido muy bien para qué servía el tiroides, pero genial que le funcione.
Ya los pulmones comienzan a prepararse practicando movimientos de inhalación y exhalación de líquido amniótico. Mira qué bien! Respirando mi Parrulinchi!
Si pudieras verlo te reirías, lleva sus dedos a la boca, hace muecas y traga el líquido amniótico como un vaso de agua fresca. Además ya tiene sus propias uñitas. Uy! Con lo diminutas que son las uñas de los bebés, ni me imagino unas uñitas de 17 semanas!
Mamá de Parrulín y Parrulinchi.
Otro día más. Buen lunes!
Sean buen@s y felices.
PD Por si alguien tiene el mismo sueño que yo o necesitáis despertaros con marcha Wake me Up!
Día de nochevieja
Nuestras fiestas navideñas comienzan siempre a mediodía, tomando unas cañitas con los amigos para felicitarnos, pasar un buen rato juntos y desearnos feliz año.
Después a casita a comer y a dormir la siesta. El plan era que Parrulin durmiera una siesta larga para que estuviera más espabilado por la noche. Pues bien, tuve que despertarlo a las 8:30 porque habíamos quedado a las 9. Pedazo de siesta!
Llegamos tarde a casa de mi hermana, pero fuimos los primeros. Poco después llega mi madre. Cinco adultos y tres niños, ya estamos todos! Besos y abrazos entre todos.
Una comida riquísima y super bien presentada, los aperitivos, la crema de boletus, la pularda, el sorbete, los turrones y el champán. Parrulin come en la mesa como un mayor!
Por primera vez en mi vida, creo, no soy capaz de comerme las uvas. Eran muy grandes y estaban recién sacadas de la nevera. Espero que no sea una señal de mala suerte. Besos, abrazos, gritos de feliz año y disparamos tres cohetes de confetis que encantaron a Parrulin y asustaron muchísimo al sobrinito. Las fotos del momento son geniales!
Después mi hermano nos acerca a casa de mis suegros, que como son mucha familia la cena se alarga muchísimo. Parrulin juega como loco con sus primas y sube un buen rato a la azotea a ver fuegos artificiales. Aguanta como un campeón hasta las tres de la mañana que volvemos a casa. Día de año nuevo
Aún no son las diez cuando Parrulin se despierta, lo metemos en la camita con la esperanza de poder dormir un poco más. Qué gusto Parrulin qué calentito estás! Espera un momento. Cariño, este niño está más caliente de lo normal. ¿Qué hacemos? Tiene unas décimas, vamos a ver cómo evoluciona.
Durante la tarde va subiendo la fiebre. Definitivamente está malo, el paracetamol no le baja mucho la fiebre, le damos también ibuprofeno. Llamamos al hospital para anular la operación. Tendrá que esperar a que se recupere del catarro. Pobrecito mío. Debió coger frío en nochevieja. Es una pena porque teníamos toda la semana de vacaciones para poder cuidarlo y cuando por fin lo operemos tendremos que pedir el día libre e ir a currar al día siguiente. Pero en fin, así son los niños, así es la vida y así os lo he contado.