Mi niño precioso
está aprendiendo a patinar. Ah, pues muy bien y qué tiene eso que ver con el
título del post? Hay que mover las caderas para patinar? Pues no sé, que no sé
patinar. Pero paciencia, paciencia. El caso es que le compré unos patines en un
gran centro comercial de corte británico, me entendéis. Y ha tenido ya su primera clase de patinaje en el cole. Mola un montón, ojalá lo
hubieran tenido en el mío! Que le he apuntado a patinaje en un clarísimo y asumido caso de
frustración maternal, como siempre quise aprender a patinar, que aprenda él! Se
supone que me enseñará a mí a continuación.
En su primera clase
me dijo la profesora que fatal, fatal no el niño, que también, sino los
patines, que además de quedarle pequeños eran como de juguete y que el niño no
podía patinar con eso. Que le comprara unos patines de verdad en esa tienda con
nombre de conjunto de diez pruebas de atletismo. Mmmmm… teniendo en cuenta lo
poco deportista que es esta familia no es de extrañar que jamás hubiéramos
entrado en una tienda de esas, así que no tenía ni idea de los precios que se
barajaban allí. Me dice que cuestan 18€ unos normalitos. Contra! Que en el
corte británico me han costado 50 pavos!!!! Bueno, con protecciones incluidas.
Sí, pero de juguete según la profe. Así que me fui al corte británico y cambié
unos patines pequeños y de juguete por… el disco de Sabina!!!! Eh! Aquí está
Sabina! Bueno, y por un libro de Bob Esponja porque no me quedó más remedio.
La versión de
Parrulín es que los patines del corte británico tenían vida propia, y claro,
iban para delante y para atrás sin ton ni son, y se pasó la hora y media de la
clase agarradito a la canasta. Imagino que vida propia no tenían, más que nada
porque ni nos saludaron ni nos dieron los buenos días ni nada de nada y eso que
dicen que los británicos son educadísimos, pero nada. Imagino también que
después del primer culetazo abandonó. Esto lo imagino porque me ha pedido que
además de las protecciones habituales le compremos en la tienda con nombre de
conjunto de diez pruebas de atletismo una culera, que dicen que existen. Y si,
existían, pero para mayores que hacen más el cabra, según palabras textuales de
la amable vendedora que nos atendió, muy maja para estar currando un domingo
por la mañana.
Después del
des-concierto, del des- concierto, jejejeje, ay que lo voy a repetir que me ha
hecho mucha gracia, del des-concierto de Sabina, estaba yo cabreadísima con el
sujeto en cuestión, y no es que haya hecho las paces pero como es el único disco
que me falta, no me lo voy a perder, no? A estas alturas de la vida! Desde 1978
comprando discos de este señor! Ya os veo haciendo cuentas con los dedos para
calcular mi edad. Que yo no, mi madre, que yo era muy chica! Hasta hoy, más de
20 discos en mi (y su) estantería.
Sábado por la
mañana, tengo el disco en mis manos por fin. Pero no encuentro el momento de
ponerlo, entre obligaciones varias y lavadoras múltiples, no encuentro el
momento. El domingo tampoco lo encuentro, entre obligaciones varias, lavadoras
múltiples y acompañamiento del chiquillo para que no se rompa los dientes
intentando aprender a patinar. Me lo llevo al curro, a ver si tengo un día
tranquilo y lo oigo el lunes con calma.
Ni calma ni ná.
Lunes de acumulación de trabajo horroroso, que salgo a mi hora no por
casualidad, sino porque me empeño en salir a costa de llevarme un par de cosas
para casa. En fin, que el lunes también fue un día especialmente estresado. Ya
no puedo más de las ganas. Esta noche lo escucho sí o sí, aunque suponga echar
un pulso al insufrible Bob Esponja.
Parrulín, cariño, te
acuerdas que el sábado mamá compró un disco? Pues aún no he tenido tiempo de
verlo. Qué te parece si lo ponemos durante la cena en vez del insufrible Bob
Esponja? Y yo, que esperaba un NO tajante, acompañado de lloriqueos varios, me
sorprendo con su respuesta “Si a ti te apetece, lo vemos juntos.” Ole! Este es
mi niño, qué majo! Y lo pusimos. Parrulín no prestaba mucha atención, la
verdad, pero tampoco me propuso cambiar a Bob Esponja.
En cambio Xoubiña se
queda pegada al televisor cual groupie de los 70, que sólo le falta tirarse de
los pelos, llorar de la emoción y terminar desmayándose de pura histeria. Pasar
de los cantajuegos a un directo de Sabina supone toda una conmoción para ella.
Cambiar “el buen Ramón” por el Buen Panchito Varona y cambiar a “la brujita
Tapita” por Mara Barros le supone un auténtico shock. Absolutamente embobada
con el movimiento de caderas de Mara Barros se pone a imitarla mientras canta
con su lengua de trapo “Mueve tus caderas”. Yo no salía de mi asombro. A
Xoubiña le encanta! Se puede cenar con algo que no sea el insufrible Bob
Esponja o la cansina de Peppa Pig! Ole!
Al día siguiente voy
a recogerla a la guardería. “Mamá, a cantá la escalera.” Y yo no caigo, no se
me ocurre ninguna canción con una escalera, pruebo con la araña que sube por el
canalón, pero no cuela, no es una escalera. “Mamá, a cantá! La escalera!” Es
que no sé cuál me dices cariño. “Mira mamá, voy a bailar la escalera!” La niña,
teatrera y artista, se pone las manos en las caderas y empieza a cantar “Mueve tu escalera, cuando todo vaya mal,
cuando todo vaya mal” Jajajaja!
Mamá de Parrulín y
de Xoubiña, madre de la artista.
Otro día más.
Sean buen@s y
felices.


