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viernes, 4 de noviembre de 2011

Masajes y más mandarinas


Vaya semanita esta! Menos mal que era de las cortas, bueno, aunque no hemos hecho puente, así que en lugar de corta yo diría más bien partida. Pero al fin llegó el viernes (día de chuches, biennnn!) y tenemos un par de días por delante para recuperar fuerzas, ánimos y sonrisas. No he tenido una buena semana, para qué nos vamos a engañar, no ha sido buena en el plano anímico y en el plano físico… pues tampoco. Hace días que me duele la espalda, a mí que nunca me ha dolido, o que sí me ha dolido alguna vez pero todo dentro de lo normal, lo normal con un niño de 21 kilazos, quiero decir.
Tras mucho insistirle a mi santo, me dio un masaje. No tras mucho insistirle, pero es de los que dice que sí, que dentro de un rato, y cuando llegaba el rato yo ya me había dormido. Por lo visto tengo un montón de contracturas en la espalda. Así que me ha regalado un bono para un masaje en un spa al lado de casa. Yujuuu!!!
En principio no me convence mucho lo del spa, aunque nunca he ido a uno, porque pienso que si duele de verdad debería verte un fisio, aunque tampoco he ido nunca. Pero mira, eso de pasarme hora y cuarto en un circuito termal y un masaje completo de una hora, ya sí que me va convenciendo. Y cada vez me apetece más. Una mañana de sábado yo sola, una mañana para mí! Es algo que no me puedo creer! Aunque el masaje me deje peor de lo que estoy pienso disfrutar la mañana. Luego unas cañitas, comer y dormir la siesta. Suena bien, verdad?
Y de Parrulín contaros que ayer acompañé a mi madre al hospital, es entrar por la puerta y asomarse la chica de recepción ¿Vienes sin niño? Claro, está en el cole, y además ya no está ingresada. Ah, qué pena, le había traído una piruleta... Tenemos que ir a la primera planta, y según vamos por el pasillo van asomándose las enfermeras, limpiadoras y auxiliares ¿Y tu niño? ¿No viene? Pues dile que ya me he comido la mandarina. Ay, yo no, hija, con lo bonita que es, yo la tengo de recuerdo. Pues yo se la di a mi hija y le encantó… Pero qué niño más rico tienes, cómo repartía mandarinas. A mí me gustaba que me dijera Hola chica guapa!... En fin, que sigue siendo el rey del hospital incluso cuando no viene! Curioso, no? Si sólo ha ido cuatro veces! Vale, el reparto de mandarinas fue un puntazo, el “Hola chica guapa” les encanta a todas, y si le dan un caramelo siempre contesta “Muchas gracias, muy amable” que también les encanta. Tiene otro club de fans allí.
El viernes pasado también repartimos mandarinas en su clase, y por todo el cole en general, todos los niños encantados. La verdad es que fue muy divertido, Parrulín repartiendo a sus amigos, algunos incluso le pedían otra para su mamá o un hermanit@, fueron 4 kg de mandarinas en 10 min. Una mamá con la que había hablado en la reunión de padres no hacía más que decirme “Pero qué maja eres, no?” Hombre, pues no te voy a decir yo que no! Ja, ja! Fue divertido. Compensó cargar con ellas. Compensó pintarlas en el cercanías y que me miraran raro.
Durante el fin de semana alguna más intentamos repartir. Pero los adultos y para más inri, desconocidos, no se muestran tan receptivos como los niños. Muchos le decían que no querían y el pobre Parrulín insistía “Es un regalo de Halloweeen, que no da susto, de verdad, que es de broma!” Pobrecito mío, me daba lástima que no le siguieran el juego. Los más hábiles me la devolvían cuando no miraba, por lo que no se acababan nunca las mandarinas. No tuvimos mucho éxito entre los desconocidos.
Ha aprendido la famosa frase de ¿Truco o trato? Y la usa todo el rato, pero da igual que le respondas truco o trato, porque me da una chuche imaginaria o hace Buuu según lo que le apetezca en ese momento.
Tengo un montón de perlitas del niño pendientes. Otro día más.
Sean buen@s y felices.

viernes, 28 de octubre de 2011

Sobre Halloween, mandarinas y hospitales

A Parrulín le encanta Halloween, o Hallowín como dice él. Le encanta su disfraz de fantasma. Cuando tenía casi, casi, un año y medio, el mismo día de Hallowín, mientras dormía la siesta se me ocurrió una idea, cogí una sábana vieja, la recorté, le pinté ojos y boca y ya tenemos disfraz! Este será el tercer año que lo reutilicemos. Por si alguien necesita ayuda con el disfraz, este es el nuestro:


Estos días, como ya había pasado lo peor, hemos ido los dos de visita varias veces al hospital a ver a mi madre. Este niño es un santo, pobre. Parrulín, vamos a ver a la abuela? Y hace fiestas “Si, si, a ver a la abuela, a ver a la abuela, bien, bien!” Después de tres metros y un autobús aún hace fiestas “Ya hemos llegado, bien, bien!” Parrulín encantado de la vida, y como no, el rey allá donde va. Entramos y se asoma a la recepción y le dice “Hola chica guapa!” y la chica guapa se queda asombrada y feliz del saludo. De hecho, incluso le da un caramelo. Parrulín lo coge y le dice “Muchas gracias, muy amable” y la chica guapa se queda asombrada otra vez. No tengo que pelearme con él por el caramelo, que es duro y no le dejo comer eso, porque acto seguido lo tira a la papelera “Es que no lo quiero mamá” Bueno, hijo, pues entonces me lo das, pero los caramelos no se tiran a la papelera. Esto, todos los días.
Va saludando a todas las enfermeras de planta hasta llegar a la habitación, y a todas con la misma cantinela “Hola chica guapa”, y las chicas salen del control para verle y que les llame guapas. Este niño tiene un peligro… Toca a la puerta toc-toc, y entra a la habitación de la abuela, se dan besos y abrazos efusivos, y cuando ya llevamos un rato vamos a pasear con la abuela por el pasillo. Entonces recorremos toda la planta saludando a enfermeras, auxiliares, limpiadoras, médicos, pacientes… A todas las chicas “Hola chica guapa” a las enfermeras y demás les alegra la tarde y babean, pero a las enfermas no os lo podéis imaginar. Chicas jóvenes, que dan un paseo, sin pelo, enchufadas al suero o a la quimio, y ven un precioso chiquitin que les dice “Hola chica guapa” y les cambia la cara.
Pues bien, ayer, le puse el disfraz de fantasma, compré un kilo de mandarinas, un rotulador, y un caldero para meterlas. De camino al hospi fuimos dibujando caras en las mandarinas, hay alguna incluso que está sonriendo porque así lo quiso él. Aquí las acabábamos de pintar y se estaban secando un poco. Así quedaron algunas:

Os podéis imaginar el éxito del niño, recorriendo la planta, vestido de fantasma, regalando sonrisas y sustos por igual, y después preguntado si querían una mandarina que da mucho susto. Recorrimos toda la planta… dos veces! Y repartió 20 mandarinas! Había algunos que no les apetecía y cuando se daba la vuelta me la devolvían, pero todos flipaban con el niño y con la idea de las mandarinas. Ha sido una buena idea.
Tanto que quería que le hiciera para sus amigos de clase. Anoche compré otras 20 mandarinas, las he pintado esta mañana mientras venía en el cercanías. ¿Y sabéis qué ha pasado? Que han tenido el mismo éxito en el trabajo que en el hospi! Y sin niño! Ja,ja! No me queda una! En cuanto salga de trabajar tengo que comprar más, comer rápido y pintarlas antes de las 5.
Y la buenísima noticia del día… mi madre ya está en casa! Yuju! Yuju!
Otro día más.
Sean buen@s y felices.