Hoy hace trece años que nos dejaste, papá. Tras pasar toda la noche en agonía, agarrándote fuerte de la mano, apretando cuando dejabas de respirar y suplicándote que respiraras una vez más, te rendiste y nos abandonaste. Después de trece años, hoy la primera vez que no hemos ido a llevarte flores, no hemos podido ir a Galicia, pero no por eso he dejado de recordarte.
Intento recordar las cosas buenas, las excursiones que hacíamos de pequeños, aquellos domingos jugando contigo en la cama. Intento apartar de mi mente, pero sobre todo de mi corazón, todas las angustias y sufrimientos que vivimos. Intento día a día perdonarte todo el daño que nos hiciste. Sin embargo, no lo consigo, puedo perdonarte todo lo que me hiciste, he salido adelante, tengo una familia preciosa y una buena vida. Pero no puedo perdonarte todo el daño que le hiciste a mi madre. Tampoco puedo perdonarte que no hayas conocido a tu nieto.
Te casaste con una buena mujer, pero no supiste quererla ni hacerla feliz, no supiste ni siquiera respetarla. Dicen que los sufrimientos provocan el cáncer, no sé si es cierto, lo que sí sé es que de sufrimientos sabe mucho mi madre. Desde que nació tu nieto, es feliz, ha aprendido a sonreír de nuevo, ha aprendido a no tener miedo, ha aprendido a tener esperanza. Adora a su nieto. Y ahora que descubrimos su enfermedad mi corazón, una vez más, se llena de rencor hacia ti, lo siento, pero es así.
Tienes un hermoso nieto, con una gran inteligencia y un rápido sentido del humor, como el tuyo, como el mío. También tiene tus pies, y los míos (sé que al nacer le habrías quitado el patuco para saberlo) Creo que te hubiera gustado conocerle y sé que a él sí le hubiera gustado conocerte. Cuando era más pequeño había ocasiones en las que me preguntaba por ti, yo le explicaba que te habías muerto hacía muchos años, pero no entraba en más detalles. Hasta que el día de reyes alguien por la calle le dijo que si iba a ir a recoger sus regalos en casa del abuelo. Para mi sorpresa, tu nieto le contestó que su abuelo estaba en una nube.
La abuela le ha contado que vives en una nube, le ha hablado de ti, fíjate si es generosa. Desde entonces tu nieto habla a menudo de ti, y a mí se me hace un nudo en la garganta. Pregunta si tienes un sofá en la nube, y de qué color es. Pregunta si subiste a la nube en un cohete. Pregunta dónde está tu nube cuando sale el sol. Pregunta si te veremos cuando vamos en avión…
Ayer me dijo que le habías llamado por teléfono y que le habías dicho que ibas a venir. Una vez más he tenido que explicarle que cuando te mueres vas a una nube y ya no puedes volver, que las personas nacen y se mueren, y cuando mueren ya no vuelven nunca más. Intento prepararle para lo inevitable. Intento responder a las preguntas que me plantea sobre ti, contándole los buenos recuerdos que atesoro.
Hasta que no sea capaz de perdonarte no encontraré la paz en mi corazón. Pero aún no puedo, me falta generosidad. Aún así quiero que sepas que nunca he dejado de quererte. Eres mi padre y te quiero. Espero que al menos tú, hayas encontrado la paz.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.