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jueves, 14 de abril de 2011

No se pega! (2ªparte)

Ayer empezaba diciendo que Parrulín no pega, sino que más bien era de los que recibía. Hasta el martes cuando fui a buscarle a la guarde. Me da un gran abrazo como siempre y lo subo en brazos. A continuación la conversación con el niño en brazos y su profe.
Me dice su profe Que te cuente lo que ha hecho. ¿Qué ha pasado, cariño? “No, no te lo digo, que me vas a castigar sin cuento” Lo primero que piensas es en la que habrá liado, lo segundo en que parece que lo de dejarle sin cuento funciona. Le pregunto a su profe si es tan grave como para dejarle sin cuento y me dice que no, que se ha asustado mucho y con eso ya es suficiente.
¿Qué ha pasado, cariño? “Pues que le he dado un golpe a Inés No-Se-Que” Llama a los niños por nombre y apellido, es curioso, pero en este caso es porque hay dos Inés en su clase. Pero no, esta no es la misma Inés que le mordía el año pasado, es la otra. “Le he dado en la nariz con un caballito” Y dice su profe Un caballito no, un caballón enorme. Le pregunto por qué lo ha hecho y dice que ha sido sin querer. Y su profe sigue insistiendo Cuéntale a mamá qué le ha pasado a Inés. “Que le salía sangre por la nariz y me he asustado mucho, y mi profe también” Ay Dios mio, vaya golpe que le ha dado a la nena, pero qué bruto!
Es la primera vez que nos enfrentamos a este problema, él dice que ha sido sin querer, que no ha sido “a popósito”, pero no estoy segura. Porque es una excusa muchas veces utilizada “Perdón mamá, ha sido sin querer”, cada vez que tira algo o hace algo que cree que le vamos a regañar. Después estuvimos hablando tranquilamente, porque al principio no quería hablar nada, por si le castigaba sin cuento. Charlando en el baño empecé a sonsacarle. A dos manos, entre mamá y papá. Vamos a pensar los motivos por los que un niño puede pegar a ver si conseguimos saber qué ha pasado.
Yo: Oye, cariño, y por qué pegaste a Inés? “Fue sin querer” Eso ya lo sé, no te preocupes que no te voy a castigar. “Me vas a leer un cuento” Si, mi amor, el que tú elijas.
Santo: ¿Querías su juguete? “No, yo tenía un caballo” Que tenía un caballo (o un caballón según su profe) ya lo sabíamos.
Yo: ¿Te había quitado algo? “No, yo tenía un caballo” Que tenía un caballo (o un caballón según su profe) ya lo sabíamos.
Santo: Mmm… ¿Te había pegado ella? “Si, me pegó con la mano en la cabeza y en la espalda” Acabáramos, le había pegado ella antes! Mi santo que está deseando creer que su hijo es un bendito, empieza a murmurar, pues claro, pues si le había pegado ella antes, bla, bla, bla.
Yo: Antes o después que le pegaras con el caballo? “Después” Santo y yo nos cruzamos unas miradas de preocupación.
La verdad es que al final no nos quedó nada claro si había sido antes o después, lo único claro es que le debió dar un buen porrazo si le sangró la nariz a la nena. No sé quién es la madre, que si lo supiera me disculparía. No sé si él recibió antes, porque en ese caso se lo diría a su profe. Pero aún así me disculparía con su madre.
Puede pasar, que no digo que no, pero no le pega nada con el comportamiento que yo he visto.
El otro día en clase de música en el Babydeli, de repente, sin querer nada de lo que tenía él y sin ninguna razón aparente, una nena de su edad lo coge por la camisa y en medio segundo lo había tirado, le había tirado de los pelos y arañado la nariz. Así, en medio segundo, se volvió loca la niña. Yo no ví a Parrulín hacer nada, ni siquiera levantar la mano. La madre de la niña estaba asustada Ay perdona, nunca había hecho esto. ¿Sería verdad? Puede que sí, o puede que la madre lo diga por inercia. ¿Un niño de repente se vuelve loco y pega a otro, sin tener ni siquiera un motivo? Pues no lo sé.
Ay, entonces en qué quedamos? No sé si pegó por primera vez o si se defendió por primera vez. Vaya lio!
Mañana más!
Sean buen@s y felices!

miércoles, 13 de abril de 2011

No se pega!

Mi hijo hasta ayer era de los que no pegaban, más bien era de los que recibían, ha llegado a casa de la guardería con mordiscos al menos tres veces.
La primera vez tenía como año y medio y al llegar a casa llevaba un tremendo mordisco en el brazo, le pregunté quien había sido y me dijo que Inés. Al día siguiente hablé con su profe, me dijo que no se había enterado pero que estaría más atenta ahora que sabía que Inés muerde. Os imaginareis mi indignación, no es posible que no se hubiera enterado porque con semejante mordisco el niño al menos tenía que haber llorado, y bastante! Que puede ser que en ese momento la profe no estuviera mirando, que no son muchos niños, pero son cosas que suceden, pero que no se hubiera enterado! Era una profe encantadora, me pidió disculpas y se la veía apurada. No le dí más importancia.
Al cabo de una semana cuando lo recogí me advierte su profe que llevaba otro mordisco, que había sido Inés seguro porque ella lo había visto. Me encontré con la madre de Inés y con su tía, porque son dos gemelas, Inés y Elena, una rubia y una morena, y siempre van a buscarlas una mamá y una tía, una rubia y una morena, y en realidad no sé cuál de las dos es la mamá.
El caso es que fui a hablar con ellas, yo super educada y muy amable, sin la menor intención de echar la bronca por nada, asumo que son cosas que pasan, una se para y otra sigue andando (ignoro si es la tia o la madre). Mira, es que Parrulín lleva dos mordiscos en una semana y dice que ha sido Inés, te lo digo para que tengas cuidado por Elena, a ver si la va a morder.
Pues la madre se debió sentir insultada, y juro que fui muy amable cuando podría haberle sacado los ojos. Eso es imposible, dice. Mira, Parrulín dice que ha sido Inés y además su profe lo ha visto en el segundo mordisco. Pues no puede ser, porque la dominante es Elena, si me lo dijeras de Elena lo aceptaría, pero de Inés no. Y se marchó airada.
Bueno, pues nada, adiós. Y me quedé pensando que ojalá confunda a su hermana con un bocadillo de chorizo para que se entere su madre si muerde o no muerde.
Vaya tipo de etiquetas que pone la madre! ¿Está dispuesta a defender a una de lo que sea pero no a la otra? Qué raro, no? Como desde entonces ni me paro ni tengo conversación ninguna, no me he fijado si la rubia siempre lleva a la rubia y al revés, o si van cambiando. ¿Podría ser que la madre hubiera desarrollado mucho más apego a la una que a la otra? ¿Podría haberle “cedido” conscientemente o no, la educación de una de ellas a la tía? ¿Se puede tratar tan, tan diferente a dos hijas que además son gemelas? ¿Te ponen la etiqueta de dominante y ya eres dominante? ¿Puede ser que en casa la dominante sea una y en el cole otra? Misterios de la vida…
A mi me tenía preocupada que con el genio que tiene en casa en el parque no se defiende, si le quitan lo que es suyo apenas hace nada, no se impone, se lleva arañazos y empujones como el que más, pero no devuelve ninguno. A mi no me gusta que pegue y siempre le decimos que no se pega, pero tampoco es bueno que sea tonto, no?
Pues justo de eso hablaba un artículo de mi bebé y yo, de niños que no se defienden y el pediatra le responde “Si de momento ha optado por la no violencia, pues mejor todavía. Es una actitud noble y elevada. No me imagino a la madre de Gandhi diciendo: “Si alguien te pega, pégale tú también”. Sólo tiene dos años y medio. Y el año que viene va a la escuela, no a una prisión de máxima seguridad. Seguro que todo irá bien.”  El artículo completo aquí
¿Estáis de acuerdo? Yo me siento un poco dividida, la verdad. ¿Será noble llegar a casa con un ojo a la funerala? Ah, que debe ser que no soy la madre de Gandhi, se me había olvidado ese pequeño detalle.
He empezado diciendo que Parrulín no pega, hasta ayer… mañana cuento la historia de “su primera vez”
Mañana más!
Sean buen@s y felices!