Ayer empezaba diciendo que Parrulín no pega, sino que más bien era de los que recibía. Hasta el martes cuando fui a buscarle a la guarde. Me da un gran abrazo como siempre y lo subo en brazos. A continuación la conversación con el niño en brazos y su profe.
Me dice su profe Que te cuente lo que ha hecho. ¿Qué ha pasado, cariño? “No, no te lo digo, que me vas a castigar sin cuento” Lo primero que piensas es en la que habrá liado, lo segundo en que parece que lo de dejarle sin cuento funciona. Le pregunto a su profe si es tan grave como para dejarle sin cuento y me dice que no, que se ha asustado mucho y con eso ya es suficiente.
¿Qué ha pasado, cariño? “Pues que le he dado un golpe a Inés No-Se-Que” Llama a los niños por nombre y apellido, es curioso, pero en este caso es porque hay dos Inés en su clase. Pero no, esta no es la misma Inés que le mordía el año pasado, es la otra. “Le he dado en la nariz con un caballito” Y dice su profe Un caballito no, un caballón enorme. Le pregunto por qué lo ha hecho y dice que ha sido sin querer. Y su profe sigue insistiendo Cuéntale a mamá qué le ha pasado a Inés. “Que le salía sangre por la nariz y me he asustado mucho, y mi profe también” Ay Dios mio, vaya golpe que le ha dado a la nena, pero qué bruto!
Es la primera vez que nos enfrentamos a este problema, él dice que ha sido sin querer, que no ha sido “a popósito”, pero no estoy segura. Porque es una excusa muchas veces utilizada “Perdón mamá, ha sido sin querer”, cada vez que tira algo o hace algo que cree que le vamos a regañar. Después estuvimos hablando tranquilamente, porque al principio no quería hablar nada, por si le castigaba sin cuento. Charlando en el baño empecé a sonsacarle. A dos manos, entre mamá y papá. Vamos a pensar los motivos por los que un niño puede pegar a ver si conseguimos saber qué ha pasado.
Yo: Oye, cariño, y por qué pegaste a Inés? “Fue sin querer” Eso ya lo sé, no te preocupes que no te voy a castigar. “Me vas a leer un cuento” Si, mi amor, el que tú elijas.
Santo: ¿Querías su juguete? “No, yo tenía un caballo” Que tenía un caballo (o un caballón según su profe) ya lo sabíamos.
Yo: ¿Te había quitado algo? “No, yo tenía un caballo” Que tenía un caballo (o un caballón según su profe) ya lo sabíamos.
Santo: Mmm… ¿Te había pegado ella? “Si, me pegó con la mano en la cabeza y en la espalda” Acabáramos, le había pegado ella antes! Mi santo que está deseando creer que su hijo es un bendito, empieza a murmurar, pues claro, pues si le había pegado ella antes, bla, bla, bla.
Yo: Antes o después que le pegaras con el caballo? “Después” Santo y yo nos cruzamos unas miradas de preocupación.
La verdad es que al final no nos quedó nada claro si había sido antes o después, lo único claro es que le debió dar un buen porrazo si le sangró la nariz a la nena. No sé quién es la madre, que si lo supiera me disculparía. No sé si él recibió antes, porque en ese caso se lo diría a su profe. Pero aún así me disculparía con su madre.
Puede pasar, que no digo que no, pero no le pega nada con el comportamiento que yo he visto.
El otro día en clase de música en el Babydeli, de repente, sin querer nada de lo que tenía él y sin ninguna razón aparente, una nena de su edad lo coge por la camisa y en medio segundo lo había tirado, le había tirado de los pelos y arañado la nariz. Así, en medio segundo, se volvió loca la niña. Yo no ví a Parrulín hacer nada, ni siquiera levantar la mano. La madre de la niña estaba asustada Ay perdona, nunca había hecho esto. ¿Sería verdad? Puede que sí, o puede que la madre lo diga por inercia. ¿Un niño de repente se vuelve loco y pega a otro, sin tener ni siquiera un motivo? Pues no lo sé.
Ay, entonces en qué quedamos? No sé si pegó por primera vez o si se defendió por primera vez. Vaya lio!
Mañana más!
Sean buen@s y felices!