Mostrando entradas con la etiqueta Historias de parque. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias de parque. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de noviembre de 2011

Madrid Rio

Hemos aprovechado para hacer uno de esos planes que siempre están pendientes y nunca encuentras el tiempo para realizarlos. Ir al Madrid Rio.
Tenemos unos amigos con una hija de 16 años, M, majísima y encantadora, fan absoluta de Parrulín. Hace tiempo que quería ir con él a los toboganes de Madrid Rio, convencida de que el valiente muchachito se iba a tirar con ella por los toboganes y se lo iba a pasar pipa. Tras un par de llamadas, oye que llueve, mejor que no, oye que ya no llueve, nos arriesgamos? venga va, con paraguas pero vamos. Nos dirigimos hacia allí los tres bien abrigaditos.
Se hace de noche en seguida, así que aunque apenas eran las seis de la tarde ya empezaba a anochecer y a lo largo del paseo se nos hizo de noche cerrada, pero es una zona que está muy bien iluminada, pasaba gente todo el rato, y coches de seguridad de la calle 30 constantemente. Me gustó mucho el paseo, está todo muy limpio, muy cuidado, mucho verde, mucho agua, parques infantiles, patos… de todo había. Os dejo una panorámica:

 Los famosos toboganes me los imaginaba más grandes, pero hay que reconocer que están fenomenal. Como ya era de noche no había niños por allí, sólo unos cuantos casi-adolescentes se tiraban por los toboganes. Nos dirigimos hacia allí, M estaba convencida de que le iba a encantar, aunque yo no lo tenía muy claro. Parrulín tiene muchas virtudes pero la valentía ciertamente no es una de ellas. Se sienta en uno de los toboganes de tubo, Parrulín, ven, tírate conmigo. Y Parrulín “Yo… mejor por las escaleras” ja, ja. No hubo forma, ni con ella ni conmigo, de probar los toboganes. No se quería ni acercar a mí. Parrulín, no te preocupes, mamá no te va a obligar a nada, si no te quieres tirar no te tiras, no pasa nada, pero ven a verlo, ven a ver qué chulo es. Ni por esas. Os dejo una foto de los toboganes de día:
Nos fuimos a cruzar el río para poder ver los patos, apuesta segura con Parrulín para la que ya iba yo preparada con una bolsa enorme de gusanitos. Cruzamos por uno de los puentes nuevos, que yo creía que era diseño de Calatrava, pero no, es de Dominique Perrault, arquitecto francés, que diseñó también, por ejemplo, la Biblioteca Nacional de Paris o la Caja Mágica para esos hipotéticos juegos olímpicos que aún no hemos conseguido. Por cierto, que toda la obra del Madrid Rio también era para esos hipotéticos juegos olímpicos. Si os interesa saber más el link de su página de arquitectura aquí. http://www.perraultarchitecte.com/en/homepage/
 
Estuvimos también escalando por el esqueleto, una escultura para trepar muy chula, aunque es para mayores de 16 dice el cartel, estuvimos trepando un poco por las cuerdas que eso si le gusta, aunque en realidad él prefería pasar por debajo. Ay qué valiente es mi chico! Lo hicieron estos chicos de un tronco de Madrid, podeis curiosear que hacen cosas muy chulas. http://untroncodemadrid.blogspot.com/
El puente fue lo que más le gustó, porque era de madera y decía que era un barco pirata y que él era el capitán, claro. Y sobre todo, porque tenía dos escalones! Nos hicimos un montón de fotos. Al marcharnos paraba a la gente por la calle para contárselo. “Señor, mire ahí, ese es mi barco, y es chulísimo, tiene un escalón grande y uno pequeño!”
En resumen, que pasamos una estupenda tarde, aunque la lluvia intermitente y la oscuridad de la noche no eran lo más adecuado para el paseo, prometo que volveremos de día a disfrutarlo. Muchas gracias M, por descubrirnos tan estupendo paseo. MUA! Te debía esta entrada en el blog!
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

sábado, 25 de junio de 2011

A la madrastra del parque

Señora, hoy estaba con mi hijo jugando en el parque. Al final, nos hemos tenido que marchar porque a los dos nos asustaba su comportamiento con la más pequeña de sus hijas.
Señora, imagino que usted prefiere estar cómodamente sentada en el banco con todos sus parientes. Pero una niña de dos años no debe estar sola en el tobogán, ni aunque la acompañe su hermana de tres.
Señora, es normal que una niña de dos años se asome por la barandilla. Lo que no es normal es que usted le grite e insulte desde el banco. Es normal que la niña lo vuelva a hacer. Lo que no es normal es que usted se levante hecha una furia y corra a pegarla en la espalda y en el brazo.
Mi hijo y yo la mirábamos asustados. Mi hijo no se asoma por la barandilla porque su madre le ha explicado que se puede caer. Mi hijo tiene a su madre cerca para repetirselo las veces que le haga falta.
Señora, es normal que una niña de dos años se quite los zapatos. Lo que no es normal es que usted se levante y corra hecha una furia a pegarla con los zapatos en la cabeza. Lo que no es normal es que la niña no llore de lo acostumbrada que está a que la peguen.
Mi hijo y yo la mirábamos asustados. Mi hijo no se quita los zapatos porque su madre le ha explicado que eso no se hace. Mi hijo tiene a su madre cerca para repetirselo las veces que le haga falta.
Mi hijo me ha dicho que debías de ser la madrastra de la niña porque las mamás no pegan a sus hijos con un zapato en la cabeza. Mi hijo me ha dicho que le dabas miedo. Y a mi también. Y pena, mucha pena. 

martes, 24 de mayo de 2011

Domingo de picnic, cremalleras rotas y elecciones

Amanecimos el domingo y habíamos quedado para comer en el retiro con unos amigos y sus hijos, cuatro niños en total, todos más pequeños que el mío. Parrulín se despierta, lo metemos en cama, intentamos convencerle de que se duerma un ratito más con nosotros, pero no fue posible. Así que nos levantamos, vamos al baño y le veo la cara. Ay Dios mío qué susto! Toda la cara llena de sangre, el pelo, la camisa con la que había dormido… (Si, la de lino blanco que había sobrevivido a una comunión) Casi me da algo al verle la cara. Le limpié todo y le había sangrado la nariz durante la noche, no se había dado cuenta, por lo que se había restregado toda la cara con la sangre. Menos mal que no era nada! Pero vaya susto me llevé!
Por cierto, que esta mañana me lo he encontrado en las mismas condiciones, pero estaba dormido y no lo he querido despertar, que se las apañe su padre cuando se levante. Tengo que comprar un humidificador YA.
“Ni de loca” pensaba lavar y planchar la camisa de lino blanca, así que me da igual, a la tintorería y punto. (Tenía mi madre una asistenta rumana que siempre decía “ni de loca”)
Hacemos juntos los sándwiches, nos vestimos y nos vamos al retiro. Yo llevo un bonito vestido campestre, largo, lleno de flores, y una chaqueta de manga corta. Cambio mi bolso de todos los días por uno tipo mochila que pensé que sería más cómodo porque entre comida, bebida y por-si-acasos llevaba dos bolsas de supermercado. Lo primero, que no perdono pase lo que pase, tomar un café, pues cuando voy a pagar se estropea la cremallera del bolso y ya no cierra. Mala suerte. En fin, qué se le va a hacer, pues ahora además de las dos bolsas, mi mochila en la mano y Parrulín de la mano también.
Los patos, como siempre le encantaron. La bolsa de palomitas y de gusanitos que llevábamos la comieron a medias. Después de acercarnos a los patos por n vez me dice “Vaya día nos están dando los patos, eh mamá?” Como si fueran ellos los que nos llamaban constantemente y no él el que se acercaba todo el rato. Las palomas tenían más hambre que los patos, eso estaba claro, y las tortugas muy aburridas, sólo tomaban el sol y no comían gusanitos ni nada, le decepcionó un poco. Y los peces, pues decía que eran tiburones, que son grandes pero no tanto.
En el retiro entre perseguirle, impedir que se tirara al lago de los patos y demás aventuras me muero de calor, me quito la chaqueta y… se me rompe la cremallera del vestido, entera, toda la espalda abierta de arriba abajo. Será posible qué me pasa hoy con las cremalleras! Vuelta a ponerme la chaqueta y todo el día con ella puesta, asfixiada y muerta de calor! Mal día para las cremalleras.
Comer, comió entre poco y mal, pero claro, entre el millón de gusanitos y que había demasiadas distracciones ya me he dado cuenta que el retiro no es un buen sitio para llevar al niño a comer. Al final, para que durmiera la siesta y porque voto allí cerca nos fuimos a casa de mi madre. Durmió, merendó y fuimos a votar.
Eran las 7:40 y cerraban a las 8:00. Le había explicado por el camino que ir a votar es elegir entre todos quién va a ser el jefe. Tenía preparado la papeleta del censo y los dos votos pero… lo olvidé en el otro bolso. Así que tuve que hacerlo todo desde cero. (Recuerdo: vestido roto, dos bolsas en una mano, bolso roto en la otra y Parrulín de la mano también) Primero se empeña en que coja una papeleta de un partido de esos desconocidos que no sé ni quiénes son, y yo, no, cariño, que a esos no los conozco, vamos a votar a este. Le convenzo y vamos a la mesa. Ponía que allí votaba mi calle del número 73 al 96. Yo vivo en el 78. Hago la cola y luego resulta que sólo eran impares. Bueno, pues a buscar la otra mesa. Llegamos a la otra mesa (7:50) y una cola tremenda. Cuando por fin votamos (por los pelos) Parrulín le cuenta a la Presidenta de la mesa “Esto es para elegir quién es el jefe” y la Presidenta, pues si, guapo, para eso es. Y Parrulín “Pues yo quiero que el jefe sea… papá!” Las risas de toda la mesa fueron considerables, luego me quedé pensando: Ay Dios mío, espero que no crean que es hijo de Gallardón…
Y terminamos el día cambiándome de vestido y saliendo a una terracita, tomando unas cervecitas los papás y patatas fritas el nené, los tres juntos. Para relajarme un poco del fin de semana tan agotador que tenía encima. Un poco de paz, buena compañía y un marido que perseguía al niño cuando se levantaba mientras yo me tomaba mi cerveza fresquita tranquilamente, que bien merecido lo tenía. Qué placer!
Mañana más.
Sean buen@s y felices!

martes, 5 de abril de 2011

Historias de parque

Hoy inauguro una nueva sección del blog, la voy a llamar Historias de parque, porque salen y saldrán muchos post inspirados en cosas que hemos visto en el parque, conversaciones que hemos oído, comportamiento de niños, padres, perros, loros, excavadoras… En fin, todo lo que nos vamos encontrando en el parque cuando vamos a jugar.
Lo primero contaros un secreto… Odio ir al parque! Shhh… Pero bueno, mi marido lo odia más y yo me lo tomo con humor porque, primero, no tengo más remedio; segundo, a Parrulín le encanta, le viene bien jugar y correr; tercero, ya disfrutamos de cálidas temperaturas; cuarto, observo a los demás niños, mamás y familias varias y quinto, tomo nota mental para el blog!
El sábado fuimos al parque cargados de cosas, se quiso llevar el camión, la pala, el rastrillo, la pelota… Salí de casa con tantas cosas que casi me olvido de Parrulín! Es broma, tan despistada no soy (o no suelo serlo, ja, ja)
Estuvimos jugando con la arena, los dos juntos, cuando se me acerca un nené de un año más o menos, que andaba con dificultad y no hablaba nada, se apoya en mí y quiere jugar con nosotros. Bien, aceptamos a todos los niños que vengan en el juego ¡faltaría más! Estuvimos jugando los tres un montón de tiempo. ¿Creéis que se acercó su mamá o papa? Nooooo.
Después de casi una hora jugando los tres, nos teníamos que ir. ¿Y ahora qué hago yo con este niño? No sé quién es la madre o el padre, no entiendo por qué no se han acercado, no voy a dejarlo solo. Pues aún estuve buscando a los padres durante un buen rato. Estaban sentados tranquilamente a la sombra, a unos 30 metros, sin prestar la más mínima atención a su hijo de un año! Tuve que ser yo la que me acercara y decirle “Oye, que me voy” A estos sí les gusta ir al parque! Encuentran a quien se encargue de todo y a charlar tranquilamente!
Mientras jugaba con Parrulín y “el otro” (que no es que fuera hijo de Nicole Kidman, sino que no sabía decirme su nombre, pero como yo le llamaba nené y parecía que me hacía caso, con nené se quedó) había otros niños cerca.
Un niño que no llegaba al año y sólo podía estar apoyado o se caía, quitó el apoyo y se cayó, normal. (¿Y la madre? No, no viene) Como estaba cerquita lo cogí, le levanté, le consolé un poquito, (¿y la madre? No, tampoco viene) le quité la arena de las manos (y del pelo, ya de paso) se echó a llorar, (¿y la madre? No, no viene). Creí que lloraba porque no estaba su madre, llevaba ya un ratito consolándolo cuando se da cuenta el padre. Era padre, no madre, el i-rresponsable de la situación. Estaba al lado! Pero a dos pasos del niño! Claro, estaba de charla con otros papás y ni se enteraba de lo que pasaba. A este también le gusta ir al parque! Total, pasa de todo! El niño cayó de culete y no le pasó nada, claro, pero si se cae hacia delante se da con el banco en la frente! Si es que le podía haber pasado cualquier cosa!
Jamás hasta ahora le he quitado un ojo de encima al niño! Que no es que tenga un ojo cosido a la camiseta, que quedaría algo raro el pobre niño, sino que yo no me quedo tranquila dejándolo con desconocidos. Y cuando casi ni andaba sin apoyo, no dejé nunca mis manos a menos de 10 cm de su cuerpecito por si se caía. Libertad vigilada, esa es la norma que se aplica en esta familia! Por favor! Si es que aún tiene dos años!!!
Imagino a este tipo de padres y su casa, en plan, si algún día quieres cenar, me avisas. Bueno, mejor me avisas el día anterior no vaya a ser que tenga un plan mejor! Si quieres meter el dedo en el enchufe avísame antes, no vaya a ser que esté tomando una cerveza en el salón y no te esté mirando! Si quieres coger el bote de lejía que hay en la cocina, sí, ese tan bonito con colores, avísame antes que lo quito de tu alcance! Si quieres hacer algo que no sea estar metido en el parque-jaula, avísame antes para que me acuerde de ejercer de padre/madre, que ya lo haré si tengo tiempo (y ganas)…
Creo sinceramente que no peco de proteccionista, no soy la típica “doña agobios” que no les deja hacer nada (que también los he visto). Por supuesto que me tiro al suelo y juego a todo lo que me proponga, jugar con la arena, con coches, con la grúa, con puzles, a leer un cuento, a cantar, a bailar, a hacer el payaso, y lo pasamos pipa, como dice él… “Mamá, que bien lo pasamos juntos” y yo me derrito, cuando jugamos a la torre... “Te voy a dar un beso porque lo has hecho muy bien” y me derrito más.
Pero también sé dejarle su espacio, apartarme cuando quiere jugar solo, esperar a ver si pide ayuda cuando veo que no es capaz de encajar las piezas, dejarle que lo intente varias veces, observar y esperar. Es importante para su desarrollo el aprender a resolver los conflictos. También en el parque espero antes de meterme en una discusión infantil, si la cosa no es normal intervengo inmediatamente, pero si están aclarando sus diferencias con tranquilidad, hay que dejarles su espacio. Tener en cuenta que pronto empieza el “cole de mayores” y en el recreo no siempre estará la profe justo a su lado, hay más niños también. Y su madre no va a estar ahí para sacarle las castañas del fuego en todo momento. No niego que me encantaría, pero el sobreproteccionismo y la absoluta dependencia no sería bueno para ninguno de los dos.
En fin, hasta aquí mi reflexión de hoy.
Mañana más!
Sean buen@s y felices!