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viernes, 8 de junio de 2012

Cartas a mis hijos, semana 27

Querido hijo mío
Mi niño mayor, mañana cumples cuatro años, y vaya cuatro años más hermosos! Parece que fue ayer cuando te pusieron en mis brazos por primera vez, sigues teniendo la misma mirada. ¿O será quizá que yo sigo mirándote con los mismos ojos? Durante este tiempo hemos compartido tantas cosas, me has enseñado tanto… También te he enseñado yo a ti pero en la balanza gana lo mucho que he aprendido.
Te doy las gracias por todo, mi amor, gracias por haberme elegido como madre, gracias por hacerme mejor persona, gracias por enseñarme tanto sobre la vida, gracias por darme fuerzas con tu sonrisa cuando más lo he necesitado, por tu generosidad, por tu sinceridad, por tu alegría, por tus juegos, por tus abrazos, por tus besos.
Te pido perdón por las cosas que no he hecho bien, por los momentos en los que me he equivocado, por las veces que he perdido los nervios. Pero sobre todo te pido perdón por mi tristeza, por esas lágrimas que no comprendes, que te extrañan, que te hacen pensar que has hecho algo mal o que estoy enfadada contigo.
Te pido perdón porque la tregua ha terminado, porque la ilusión y la esperanza han desaparecido. Quisimos creer en un milagro, pero no ha sido así. La abuela vuelve a estar enferma y tenemos que volver a empezar la batalla. Y si no fuera por ti no sé si tendría fuerzas. Por ti y por tu hermana. Me gustaría que esto no os afectara, me gustaría poder aislaros del mundo, protegeros de toda la pena y del dolor que siento, pero no puedo. Me gustaría que la abuela pudiera disfrutar con vosotros dos, que siga charlando contigo “de vuestras cosas”, que pudierais mantener esa relación tan especial que tenéis durante mucho tiempo. Me gustaría que llegara al menos a conocer a tu hermana, no sé si todavía será posible y eso me parte el corazón.
Te prometo una bonita fiesta de cumpleaños, llena de dinosaurios, como tú querías. Menos los ánimos está todo listo. Lo siento mi amor, me cuesta mucho sonreír, te prometo intentarlo.
Gracias por ser mi hijo. Te quiero. Siempre.
Mamá.
Querida hija mía
Tú mejor que nadie sabes lo que estoy sintiendo en estos momentos, compartimos vida y compartimos corazón. Espero poder transmitirte la serenidad que necesitas. Mi muy querida hija, ya tienes nombre, tienes nombre de reina, el nombre de tu abuela y el nombre de la mía también. Espero que con el nombre heredes también parte de ellas, dos mujeres excepcionales donde las haya, las mujeres que más he querido y quiero yo en mi vida. Tanto como te quiero a tí no podías llamarte de otra forma.
Gracias por estar conmigo. Te quiero. Siempre.
Mamá.
Semana 27
Este es el comienzo del último trimestre de gestación, tiempo en el que tu hijo crecerá y engordará hasta estar listo para el momento del nacimiento. Sus pulmones producen una sustancia que evita que las paredes de los mismos se adhieran. Tu bebé mide 32,5 cm y pesa 910 gr. En este momento, ya se podrá escuchar los latiditos del bebé poniendo los oídos sobre tu abdomen. Parrulín dice que la oye, yo no soy contorsionista, pero siempre puedo intentarlo este fin de semana con un fonendo.
Otro día más. Buen finde!
Sean buen@s y felices.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Las Navidades son de recuerdos y tristezas

Recuerdo vivir la llegada de los Reyes Magos de niña, con emoción, recuerdo pasar algunas Navidades en Galicia, pero también recuerdo algún año que eran mis abuelos los que venían a Madrid, recuerdo que ellos nos llevaban a ver la cabalgata, recuerdo pasar mucho tiempo en la calle esperando a que llegaran Sus Majestades, y recuerdo también que durante la espera me hacía pis varias veces de la emoción de ver a los Reyes en persona.
Recuerdo aquellas Navidades que pasábamos en Madrid, recuerdo que mis padres no nos dejaban salir de la habitación hasta las 9, recuerdo a mi hermana mayor ejerciendo de responsable para impedir que saliéramos hasta las 9 en punto. Recuerdo que dejaban los regalos en la habitación de mis padres y cómo corríamos hacia allí. Recuerdo varias muñecas preciosas. Recuerdo especialmente una muñeca chinita que era ideal. Recuerdo una Nancy que bailaba moviendo la cintura. Recuerdo un muñeco bebé que le dabas un biberón mágico. Recuerdo el tragabolas. Recuerdo una casita de Blancanieves de las barriguitas. Recuerdo el fuerte de los clic que le trajeron a mi hermano, que tanto jugué yo también. Recuerdo extrañarme pensando que mi madre merecía regalos mejores, que vaya birria le habían traído, si había sido muy buena!
Recuerdo que íbamos siempre a comprar caretas y panderetas a la plaza mayor. Recuerdo que queríamos sorprender a mis abuelos al llegar a Galicia y que creyeran que no habíamos ido los niños cuando veían bajar del tren a nuestros padres y detrás tres enanos con caretas. Recuerdo cómo se hacían siempre los sorprendidos ¿y los niños?
Recuerdo haberme perdido en la plaza mayor. Recuerdo llorar en plan Chencho por haber perdido a mis padres. Recuerdo parar a un matrimonio joven, pedirles que me llevaran a mi casa y darles mi dirección. Recuerdo ver llegar corriendo a mi padre todo preocupado por haberme perdido.
Recuerdo la enorme casa de mis abuelos en Galicia, recuerdo que dejábamos los zapatos en la puerta de cada habitación, recuerdo descubrir cómo la abuela, sigilosamente, iba llenando los zapatos mientras nos creía dormidos. Ay abuela, te echo tanto de menos, cada día!
Recuerdo la llamada del hospital del día de Reyes. Recuerdo cómo desconectaron a mi abuela sin permiso. Recuerdo no saber qué hacer con sus regalos preparados. Recuerdo gritarle al médico que no podía morirse mi abuela ahora, de repente, que acabábamos de enterrar a mi padre!
La Navidad nos llena de recuerdos, unos agradables y otros no, pero extrañamente pesa siempre más el dolor de los seres perdidos. Nunca volverá a ser igual el día de Reyes desde que se murió la abuela. Estas Navidades son especialmente duras con la enfermedad de mi madre. Hemos llegado a las Navidades, a pesar del pronóstico que me dieron en Julio. Así de crudo me lo comunicaron, sola, en mitad del pasillo del hospital. ¿Cuánto le queda de vida? No me dijeron le quedan tres meses. Su contestación fue: No llegará a Navidad. Y se me cayó el mundo encima. Pero ha llegado, y está mejor, y no sé si será su última Navidad, y es duro. Y me duele el corazón, y a veces incluso me duele respirar.
Y me empeño en que sea especial para mi hijo, y me empeño en decorar la casa, en enseñarle villancicos, llevarle a la plaza mayor, a Cortylandia… Y sin embargo, me siento muy triste, demasiado triste para ser Navidad. Demasiado triste para ser la última Navidad de mi madre y la primera en la que mi hijo realmente se da cuenta de la Navidad.
Y su profe me dice que de vez en cuando le pregunta por la abuela, que el niño le contesta que la abuela está bien, pero que mamá está triste. Y su profe me lo cuenta y se me caen las lágrimas de nuevo.
La vida es triste. Las Navidades son tristes.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

viernes, 21 de octubre de 2011

Todo del revés

Tal vez conozcáis este bonito libro, Inés del revés. Es un cuento muy divertido de una ratita que lo hace todo del revés, se pone los zapatos del revés, quiere desayunar espaguetis con tomate, su mamá le da un beso de buenos días en los pies al acostarla… Es muy bonito, a Parrulín le encanta, se muere de risa. Ay Inés, Inés, todo del revés! Dice su mamá en el cuento, y Parrulín se ríe a carcajadas con Inés. Es este:

Si algún@ está pensando en comprarlo le diría Nooooooo, ni se te ocurra! Y os voy a contar por qué. En el cole de mayores van al baño todos juntos, los 25, lo cual me parece una pasada, pero era sólo los primeros días. Esta semana han empezado a ir por equipos, va todo el equipo junto al baño. El equipo lo forman unos seis niños, según el color de la mesa. Parrulín es del equipo rojo. Se supone que se cuidan unos a otros y además hay una profe de pasillo por si acaso, pero ya no va con ellos la profe de la clase. Parrulín, pensando en Inés, se le ocurrió que podía ser divertido ponerse los zapatos del revés.
Cuando su profe dijo que el equipo rojo fuera al baño, salen de la clase los seis que forman el equipo, me imagino que encantados, camino del baño. Cuando el pobre Parrulín se tropieza con las zapatillas y se cae de morros contra el suelo. Empieza a sangrar por la nariz a chorro. Su equipo sale corriendo despavorido al ver tantísima sangre, todos gritando y algunos incluso llorando, en busca de su profe. Me imagino el susto de la profe cuando los ve llegar a todos aterrados y chillando que Parrulín se ha caído.
Tremendo charco de sangre en el suelo, todo el baby empapado de sangre. La profe, que no ha visto lo que ha pasado, hasta que le limpia la cara no sabe por dónde sangra tanto. El pobre Parrulín lloraba muchísimo y estaba muy asustado. Menos mal que sólo ha sido la nariz. No sé si tiene muy mala suerte y siempre se da en el mismo sitio o qué, pero es frecuente que en una caída sangre por la nariz unas gotitas, ya sangrar de verdad pues nos ha ocurrido un par de veces. Era la primera vez que se hacía daño en el cole, sin que estuviera yo a su lado. La profe le metió un algodón por la nariz “que no se podía tocar, sabes mamá?” hasta que se le cortara. Y el resto del día le tuvo de niño mimado dejándole sentarse en la silla de la profe y atenta a él en todo momento.
¿Y cómo nos enteramos? Se lo cuenta a su padre la chica del autobús, y le da el baby y el polo todo manchado de sangre porque le han tenido que cambiar de ropa. Estos días hemos alterado las rutinas y vuelve en el autobús del cole a casa y lo recoge su padre, yo no llego a casa hasta la hora de la cena porque estoy en el hospital con mi madre que está otra vez ingresada la pobre.
Alguien del cole me podría haber llamado, vale que no era como para ir corriendo al cole a buscarle, no es que se haya hecho una brecha, pero tiene tres años, y meterlo en el autobús con el baby manchado en una bolsa y que me lo cuente la chica del bus, pues tampoco me parece la forma más correcta de hacer las cosas. Tal vez su profe debería haberme llamado al acabar las clases. Normalmente voy yo a recogerlo, me conoce, me lo habría explicado, pero si es uno de esos días excepcionales en los que vuelve en bus, y que la profe sabe que es porque mi madre está ingresada, al menos llamarme a la salida. Sé que le curó, le cuidó y le mimó, y se lo agradezco, pero me hubiera gustado que me lo hubiera contado ella en lugar de dejarle la responsabilidad a la chica del bus.
A ver, sé que no es para dramatizar, pero me apetece ponerme dramática. Se me parte el corazón de imaginármelo, pobrecito mío, llorando tirado en el pasillo, asustado y sangrando, hasta que vino corriendo la profesora. Se me parte el corazón por no haberlo podido consolar yo, no darle un abrazo especial y esperar hasta que se le pase el susto contándole cosas bonitas. Se me parte el corazón pensando que probablemente me estuviera llamando mientras lloraba. Se me parte el corazón cuando me lo cuenta, porque el relato de los hechos lo sé por él, que el pobre me lo cuenta a cada rato y me dice “Mamá, tenías que haber estado allí ¿por qué no estabas?” y da igual lo que le responda, porque no entiende que él tuviera pupa y su mamá no estuviera.
He pasado una semana mala, cada ingreso supone un tremendo susto, un montón de agobio y preocupaciones y llegar a las tantas a casa, las veces que duermo en casa, para encontrarme a mi hijo hecho un mar de lágrimas “Tenías que haber llegado más pronto, te echaba muchísimo de menos” y que no entienda que tengo que estar con la abuela, que está malita, que tengo que cuidarla. Porque él también necesita que le cuiden, no entiende mis ausencias, se enfada conmigo por no estar ahí. Y yo me siento fatal. Quiero estar todo el rato con con mi madre pero pienso que me estoy perdiendo el estar con mi niño. Quiero estar con el niño pero pienso que me estoy perdiendo el estar con mi madre. Y mi vida se resume en un ir corriendo al curro, al hospital y a casa, sin llegar a hacer bien ninguna de las cosas, dejándolo todo a medias, abandonando a mi madre y abandonando a mi hijo. Así me siento, todo del revés. Mierda de vida.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

martes, 16 de agosto de 2011

Sonrío y me sorprendo


Este año nos hemos quedado sin vacaciones, es la primera vez en mi vida que no voy a Galicia el mes de agosto, y no unos días sino el mes entero, a disfrutar de mi playa, de los albariños, del pulpo, los calamares, el jamón asado, los berberechos, los pimientos de padrón, las queimadas, el dormir con manta, en resumen, recargar las pilas para el resto del año.
Doy gracias que la enfermedad de mi madre haya surgido en el mes de julio, doy gracias por poder estar con ella, doy gracias por poder pasar las vacaciones cuidándola, acompañándola y cogiendo su mano. Doy gracias también por tener guardería el mes de agosto.
Celebré mi cumpleaños en el hospital, me tocaba dormir con ella, ha sido el cumpleaños más duro de mi vida, he soplado las velas mientras estaba enchufada por primera vez a la máquina de la quimio, he llorado muchísimo mientras dormía, he pasado toda la noche en un sillón, velando sus sueños, he pasado el que será nuestro último cumpleaños juntas.
Celebré mi santo en su casa, también me tocaba dormir con ella, he pasado la noche en el sofá, poniendo el despertador cada dos horas para comprobar si estaba bien, si tenía fiebre, si seguía respirando.
Me cabrean estas leyes absurdas que te dan tres días por ingreso, me cabrea no poder estar con ella todo el rato, me cabrea tener que cogerme días cuando se pone peor y tener que volver a trabajar cuando parece que remonta un poco.
Han sido casi dos semanas de vacaciones durísimas, aunque llevo desde el 6 de julio quedándome a dormir con ella una noche si y una no, mis vacaciones han consistido en llegar a su casa a las 7 de la mañana cuando me tocaba dormir en la mía, para que mi hermano se fuera a trabajar y estar con el corazón en un puño todo el día. Mis vacaciones han consistido en aprender a cocinar helado de donuts, magdalenas y lenguas de gato, porque no podía dormir.
Hemos tenido una buena semana, desde el sábado pasado que hemos podido salir un ratito a la calle todos los días a sentarnos en una terraza y tomar el fresco. Mañana comienza otra vez la pesadilla de la quimio. Pobrecita mía.
Cuando puedo pasar la noche en mi casa mi santo esposo se deshace en atenciones, prepara una cena rica y procura que me olvide de todo este mal sueño. En ocasiones lo consigue, sonrío y me sorprendo de poder seguir haciéndolo.
Cuando consigo llevar un ratito al parque a Parrulín, cuando tenemos nuestras charlas, cuando leemos un cuento, cuando nos lo inventamos, cuando hacemos un trato los dos, cuando dormimos acariciándonos, sonrío y me sorprendo de poder seguir haciéndolo.
Otro día más.
Sean buen@s y felices!

martes, 26 de julio de 2011

Dolor intenso

El peor defecto que tienen las madres es que mueren antes de que uno alcance
a retribuirles parte de lo que han hecho.
Lo dejan a uno desvalido, culpable e irremisiblemente huérfano.
Por suerte hay una sola Madre.
Porque nadie aguantaría el dolor de perderla dos veces.

Cierro este blog temporalmente para intentar retribuir a mi madre lo mucho que ha hecho con nosotros y también, cómo no, con su nieto al que adora con locura. Cierro para acompañarla en su camino y agarrarla de la mano. Cierro porque el dolor no me deja hablar, ni escribir, ni pensar.
Volveremos a vernos cuando todo pase, cuando duela menos, cuando se cierren mis heridas, cuando no me duela respirar.