Ha venido el
fantasma de las Navidades futuras, al más puro estilo Dickens. Esta noche ha
venido a visitarme el fantasma, el último de los tres. Es una sombra oscura que
no habla, sólo muestra imágenes del futuro. Al contrario del que visitó a
Scrooge no viene a revelarme mi muerte, sólo viene a mostrarme el futuro que me
gustaría construir, las navidades que desearía que se hicieran realidad, la
vejez acompañada de mis seres queridos.
Me ha enseñado una
gran mesa de Navidad, una abuela mayor, de pelo cano y gran sonrisa, preside la
mesa, al otro lado el abuelo refunfuña con cariño por algún motivo. A su
alrededor sus hermanos, sobrinos, hijos y nietos, todos reunidos en torno al
hogar, al calor de la familia. Se puede ver el amor, la armonía, la complicidad
entre todos ellos. No hay gritos ni discusiones.
Parrulín ha crecido,
se ha convertido en el hombre que yo pensaba, un buen esposo y un excelente
padre, tiene tres niños pequeños y rubios que llenan la casa de gritos y
alegrías. Su mujer, a su lado, le dedica miradas cariñosas que él sabe
corresponder con un amor de esos que se demuestran en cada gesto, en cada
detalle. Me siento orgullosa del hombre que es y de la familia que ha formado.
Xoubiña se ha
convertido en una mujer adorable, tiene una niña pequeña y en unos meses dará a
luz a dos gemelos que vendrán a colmar su felicidad. Su marido cuida de ella, casi
con devoción, la ternura con la que acaricia su barriga me conmueve. Me siento
feliz de saber que ha logrado tener todo aquello que deseaba, que sus sueños se
han cumplido. Su felicidad es la mía.
Mi hermana mayor,
con su marido, su hijo y su nieta, también nos acompañan, mi hermano pequeño
tampoco podía faltar una noche como esta, ha venido con su familia desde muy
lejos para celebrar este día con nosotros. Estamos los tres juntos y unidos,
como hermanos que somos, como familia que somos.
Los cimientos de una
familia que ha sido reconstruida, ya no hay dolor en las esquinas, la habitación
está llena, en la chimenea crepita el fuego, el olor a leña flota en el vacío,
los abrazos se repiten, los seres queridos se añoran con cariño y… suenan los
relojes.
Me despierto en mi
cama, prefiero seguir soñando. Soñando con un mundo mejor, con almohadas sin
lágrimas, con corazones henchidos, cicatrices curadas y las heridas cada vez
más leves. Ojalá ese futuro se haga realidad.
Hoy he visto una
mujer que se empeña en mantener la magia, la ilusión y el amor, que se empeña
en reunir a la familia en torno a su mesa. He visto a una mujer que ha olvidado
ya la prisa que acelera, el insomnio que empobrece, el miedo que atenaza, la
pena que escuece y la soledad que duele.
Mamá de Parrulín y
de Xoubiña
Otro día más.
Sean buen@s y
felices.


















