lunes, 13 de abril de 2015

Uvas con queso



Uvas con queso… saben a beso! Y hoy, 13 de Abril, es el día internacional del beso. Qué bonito, no? Qué chorrada, no? Agradezco que los grandes almacenes no se hayan hecho eco de esta noticia y no lo hayan convertido en un día comercial con la pseudo-obligación de comprar algo.

Yo soy muy besuqueira, que me decía mi abuela, pero con condiciones. Me encanta besar a la gente a la que quiero pero me repatean los dos besos que se dan por educación, esos besos que en realidad no son más que choques de mejillas, esos besos de reencontrarnos en el trabajo después de las vacaciones o de año nuevo, esos besos que se dan cuando te presentan a alguien, todos esos besos que se dan por obligación... Creo que debe de ser algo que va con el carácter de cada uno porque no recuerdo que mi madre me besara mucho a pesar de lo mucho que me quería, tampoco era mucho de abrazar y mis hermanos menos todavía.


 A mis hijos me los como a besos todos los días! Parrulín es muy cariñoso. Cuando era tan sólo un bebé comentábamos mi santo y yo que era el niño más besado del mundo. Si lo cogíamos en brazos no podíamos evitar besarle al tenerle cerca, por supuesto si lloraba o se quejaba de algo también, en cada cambio de pañal aprovechábamos para comérnoslo a besos... Y no ha habido un solo día en sus casi siete años en el que no haya sido besado y no le hayamos reafirmado lo mucho que le queremos.

Y no sé si es cuestión de carácter o de edad, pero Xoubiña es más cariñosa todavía, besuqueira como a súa nai, suele decirme a menudo: “A mí me gustan mucho los besos, pero las pululetas no, que soy muy guapa!”. Es difícil resistirse a hacerle una buena pedorreta en esos preciosos mofletes hinchados y redonditos de bebé, pero no le gustan nada, llora y se indigna cuando le haces una “pululeta”, por lo visto porque es muy guapa para eso, así que he tenido que dejar de hacérselas muy a mi pesar.

Cada mañana al despertar nos damos un beso y nos deseamos los buenos días, cada vez que nos despedimos o que los recojo y cada vez que nos damos un abrazo aprovechamos para besarnos. Por la noche, antes de dormir, ahí nos damos miles!

Cuando nos acostamos Xoubiña y yo le digo siempre: Buenas noches mi amor! MUA! “Me das oto?” Claro mi amor MUA! “Me das oto pequeñito? A mí me gustan mucho los besos pequeñitos” Claro! Mua! “Me das un beso terrible?” Si, cariño MMMMMMMMUÁ! “Y me das un muácala?” Claro que sí! MUÁCALA! Este es muy similar al beso terrible, sólo cambia la onomatopeya. Mira que tenemos tipos de besos! Y los tiene todos perfectamente clasificados la pequeñaja! Jajajaja! La juerga parece que termina cuando se engancha a la teta pero después de dar un chupito se suelta y dice “Ay que se me olvidaba. Buenas noches mamá. MUA!” Y según lo tarde que sea o lo cansada que esté comienza de nuevo la rueda esta vez por mi parte: Me das otro pequeñito? Jajaja!

Y qué mejor canción para el día de hoy?
Quiero besos, que todas las mañanas me despierten de esos, que sea por la tarde y siga habiendo besos. Y luego por la noche me den más besos pa’cenar.


Mamá de Parrulín y de Xoubiña, besuqueira.
Otro día más
Sean buen@s y felices.

jueves, 9 de abril de 2015

El dulce canto



Hoy, como siempre, sonaba muy temprano la alarma de mi reloj, y desperté con una sonrisa al recordar que era tu cumpleaños, mi amor. Te abracé mientras dormías, y contemplé tu perfil descansado. Protestas en sueños y te libero del abrazo dándote un último beso antes de levantarme, descansa mi amor, tú que puedes dormir un poco más.

Nuestra hija duerme a mi lado con los brazos extendidos y esa placidez confiada de quien se sabe querida y protegida. Parrulín, al otro lado del pasillo, duerme en un caos de cama en la que se entremezclan mantas y libros. Qué preciosos son nuestros hijos, amor mío!

Pienso en ellos, fruto del amor y del cariño, el mejor regalo que me ha hecho nunca nadie, el mejor regalo que nos ha dado la vida y nos ha unido para siempre. Gracias mi amor, por tí, por ellos, por la armonía, por el dulce canto. Feliz cumpleaños cariño.


Pero todo aquello que tocamos, tú y yo, 
nos une, como un golpe de arco,
que una sola voz arranca de dos cuerdas.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, dulce canto! 
(Rainer Maria Rilke)



http://muzikalia.com/

Feliz cumpleaños Papá de Parrulín y Xoubiña!

jueves, 2 de abril de 2015

Azul en la guarde

Preciosa foto, vista aquí

Xoubiña tiene una compañera en la guarde que es Azul. Es una preciosidad de chiquilla, y no es que físicamente llame la atención, sino la dulzura que he descubierto en ella que me resulta conmovedora. Yo nunca había tenido contacto directo con alguien Azul y la verdad que no deja de sorprenderme, tanto la niña, como la profe, como el resto de los niños de la clase. 

Empecemos por el principio. Yo coincidía con la madre o el padre de Azul cuando iba a buscar a Xoubiña. La niña sabía que venían sus padres y los esperaba en la puerta. En cuanto los veía su cara se iluminaba y agitando las manos les contaba todo lo que había hecho aquel día de una forma súper expresiva. A mi me hacía muchísima gracia, no me daba cuenta de que tuviera ningún problema, pensaba que no hablaba porque era pequeñita. 

Hasta que varios días seguidos Xoubiña vino diciéndome que una niña de su clase no la hablaba. Se lo comenté a su profe por si tenía mi hija algún problema con esa niña y la profe me dijo que aún no tenía desarrollado el lenguaje porque era autista. Aunque no sabía qué niña era me di cuenta de que era Azul. Azul es una niña muy bien integrada en la clase, todos los niños la quieren y la ayudan. Xoubiña vino un día contándome que estaba muy contenta porque Azul le había sonreído, otro día porque le había dado la mano... Para ella y para sus compañeros son especiales esos detalles. Y es sin duda gracias a su profesora.

Hace unas semanas estaba Azul esperando a sus padres, le acaricié la carita y le pregunté cómo estaba. Desde entonces se acerca a la puerta también cuando yo llego y entiendo que busca mi caricia. Es tan linda... Coincidimos un trozo del camino y Xoubiña le ofrece siempre galletas o gusanitos que Azul suele rechazar de un manotazo y mi niña se encoge de hombros sin darle importancia y dice "Pues no le apetece". Se despide en la esquina con un abrazo y Azul no responde al abrazo pero no lo rechaza y eso significa mucho. 

Ayer al recoger a mi niña vinieron todos a contarme que habían hecho pis o caca o pedo en el water, orgullosamente inmersos en la operación pañal. Tenía tantos pequeños dándome noticias de sus progresos que no me di cuenta de atender a Azul, hasta que la veo dándose golpes en la cara con la mano. Quería una caricia mía! Me pareció tan entrañable como asombroso. Ya nunca jamás olvidaré acariciarla cuando la vea.

Me doy cuenta de lo importante que es el cariño para todos los niños, para los azules también, lo importante que es estar integrados y felices en clase, para los azules también, y lo importante que es que les atiendan y comprendan con las necesidades de cada uno, para los azules también. 

En el día mundial del autismo quiero enviar un beso, una caricia y un abrazo a cada Azul y un reconocimiento al esfuerzo y cariño de sus padres y sus profesores. 

Mamá de Parrulín y Xoubiña.
Sean buen@s y felices.
Otro día más.

martes, 31 de marzo de 2015

Aprendiendo a volar



Mi pequeño Parrulín se ha ido a un curso de enriquecimiento estival, aunque él coloquialmente dice que está en un campamento, pero es mucho más que eso. Son cinco días, y es nuestra primera separación. Sí, el día de nuestra boda se quedó a dormir con mi madre, pero aquella también era su casa, y eso no cuenta. Ya os contaré dónde ha ido y lo que ha hecho cuando vuelva, hoy sólo quería desahogar un poco mis sentimientos de madre primeriza, que sí, que las madres también tenemos derecho a tener angustia de separación.

El sábado camino del autobús me dice, ay qué perlita la suya: “Mamá, estoy deseando explorar ese sentimiento de estar a la vez contento por marcharme y triste por dejarte” y yo sonreía, mal disimulando mi angustia de madre primeriza, y le decía que me parecía muy bien que explorara el sentimiento pero que ganaría la alegría, que se lo iba a pasar fenomenal, que tenía que disfrutar de cada momento de esa experiencia única y que ya tendríamos tiempo el resto de los días para estar juntos.

Al arrancar el autobús está tan emocionado que ni me mira, yo estoy en la acera agitando la mano eufóricamente, pero no me dedica una última mirada. Recuerdo a mi madre cuando nos enviaba de campamento, ella y yo no dejábamos de mirarnos hasta que dejábamos de vernos por la distancia, incluso cogía un taxi para adelantar al autobús que sabía tenía que salir por la carretera de la Coruña, para decirme un último adiós desde la última acera. Mi madre era única y especial, y nuestra relación también, incluso en eso. Pienso lo sola que debía de quedar aquellos meses, atrapada en aquel horror de matrimonio y sin sus hijos cerca. Entiendo ahora que llegara al aeropuerto con varias horas de antelación cuando volvíamos de Irlanda, con un libro para la espera y un bocadillo de jamón para la bienvenida. Imagino su pena y su desgarro disimulado y se me encoge el corazón viéndolo ahora desde el punto de vista de una madre.

Soy emocional y dramática por naturaleza, y se me cae una lagrimilla cuando veo partir el autobús, contenta porque sé que va a ser una experiencia fantástica, pero con un poco de autocompasión por su ausencia y por el regusto amargo que me deja no haber tenido una última mirada por su parte. Xoubiña también se lleva un gran disgusto, sabía que el hermano se iba a ir pero creo que no lo ha entendido hasta que lo ha visto marcharse.

Mi santo me abraza y me dice que Parrulín tiene que aprender a volar. Y yo lo entiendo y lo comparto, pero él no es su madre. Y Xoubiña no lo entiende pero afirma muy seria “Yo tamén voy a ir a un pampamento a apender a volar cuando sea grande!” Y se sienta en un banco a esperar a que vuelva su hermano del pampamento. Nos cuesta que lo comprenda, aún se sienta en cada banco de la calle a esperar a que vuelva su hermano del pampamento.

Sé que no podía haberlo dejado en mejores manos, que va a ser una gran experiencia para él pasar cinco días con otros niños de altas capacidades, en un entorno maravilloso, con una mujer que pone todo su cariño, su sonrisa perenne, su conocimiento y su buen hacer en organizar estos cursos de enriquecimiento buscando los mejores expertos en altas capacidades para llenar estos cinco días de magia, maravillas, hechizos, efectos especiales y experiencias únicas para ellos. Esperaba mucho de ellos, pero no deja de sorprenderme cómo lo están pasando de bien y cómo cada día superan mis expectativas.

Puedo hablar con Parrulín cada noche. Ayer me di cuenta por sus prisas que estaba deseando colgarme el teléfono para ir a no sé qué actividad nocturna con linternas. Ayer me di cuenta de que mi hijo ha crecido mucho en estos días. Ayer entendí que era verdad, le habían salido las alas, Parrulín está aprendiendo a volar, y yo... tengo miedo.


Mamá de Parrulín y de Xoubiña.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Mueve tus caderas






Mi niño precioso está aprendiendo a patinar. Ah, pues muy bien y qué tiene eso que ver con el título del post? Hay que mover las caderas para patinar? Pues no sé, que no sé patinar. Pero paciencia, paciencia. El caso es que le compré unos patines en un gran centro comercial de corte británico, me entendéis. Y ha tenido ya su primera clase de patinaje en el cole. Mola un montón, ojalá lo hubieran tenido en el mío! Que le he apuntado a patinaje en un clarísimo y asumido caso de frustración maternal, como siempre quise aprender a patinar, que aprenda él! Se supone que me enseñará a mí a continuación.

En su primera clase me dijo la profesora que fatal, fatal no el niño, que también, sino los patines, que además de quedarle pequeños eran como de juguete y que el niño no podía patinar con eso. Que le comprara unos patines de verdad en esa tienda con nombre de conjunto de diez pruebas de atletismo. Mmmmm… teniendo en cuenta lo poco deportista que es esta familia no es de extrañar que jamás hubiéramos entrado en una tienda de esas, así que no tenía ni idea de los precios que se barajaban allí. Me dice que cuestan 18€ unos normalitos. Contra! Que en el corte británico me han costado 50 pavos!!!! Bueno, con protecciones incluidas. Sí, pero de juguete según la profe. Así que me fui al corte británico y cambié unos patines pequeños y de juguete por… el disco de Sabina!!!! Eh! Aquí está Sabina! Bueno, y por un libro de Bob Esponja porque no me quedó más remedio.

La versión de Parrulín es que los patines del corte británico tenían vida propia, y claro, iban para delante y para atrás sin ton ni son, y se pasó la hora y media de la clase agarradito a la canasta. Imagino que vida propia no tenían, más que nada porque ni nos saludaron ni nos dieron los buenos días ni nada de nada y eso que dicen que los británicos son educadísimos, pero nada. Imagino también que después del primer culetazo abandonó. Esto lo imagino porque me ha pedido que además de las protecciones habituales le compremos en la tienda con nombre de conjunto de diez pruebas de atletismo una culera, que dicen que existen. Y si, existían, pero para mayores que hacen más el cabra, según palabras textuales de la amable vendedora que nos atendió, muy maja para estar currando un domingo por la mañana.

Después del des-concierto, del des- concierto, jejejeje, ay que lo voy a repetir que me ha hecho mucha gracia, del des-concierto de Sabina, estaba yo cabreadísima con el sujeto en cuestión, y no es que haya hecho las paces pero como es el único disco que me falta, no me lo voy a perder, no? A estas alturas de la vida! Desde 1978 comprando discos de este señor! Ya os veo haciendo cuentas con los dedos para calcular mi edad. Que yo no, mi madre, que yo era muy chica! Hasta hoy, más de 20 discos en mi (y su) estantería.

Sábado por la mañana, tengo el disco en mis manos por fin. Pero no encuentro el momento de ponerlo, entre obligaciones varias y lavadoras múltiples, no encuentro el momento. El domingo tampoco lo encuentro, entre obligaciones varias, lavadoras múltiples y acompañamiento del chiquillo para que no se rompa los dientes intentando aprender a patinar. Me lo llevo al curro, a ver si tengo un día tranquilo y lo oigo el lunes con calma.

Ni calma ni ná. Lunes de acumulación de trabajo horroroso, que salgo a mi hora no por casualidad, sino porque me empeño en salir a costa de llevarme un par de cosas para casa. En fin, que el lunes también fue un día especialmente estresado. Ya no puedo más de las ganas. Esta noche lo escucho sí o sí, aunque suponga echar un pulso al insufrible Bob Esponja.

Parrulín, cariño, te acuerdas que el sábado mamá compró un disco? Pues aún no he tenido tiempo de verlo. Qué te parece si lo ponemos durante la cena en vez del insufrible Bob Esponja? Y yo, que esperaba un NO tajante, acompañado de lloriqueos varios, me sorprendo con su respuesta “Si a ti te apetece, lo vemos juntos.” Ole! Este es mi niño, qué majo! Y lo pusimos. Parrulín no prestaba mucha atención, la verdad, pero tampoco me propuso cambiar a Bob Esponja.

En cambio Xoubiña se queda pegada al televisor cual groupie de los 70, que sólo le falta tirarse de los pelos, llorar de la emoción y terminar desmayándose de pura histeria. Pasar de los cantajuegos a un directo de Sabina supone toda una conmoción para ella. Cambiar “el buen Ramón” por el Buen Panchito Varona y cambiar a “la brujita Tapita” por Mara Barros le supone un auténtico shock. Absolutamente embobada con el movimiento de caderas de Mara Barros se pone a imitarla mientras canta con su lengua de trapo “Mueve tus caderas”. Yo no salía de mi asombro. A Xoubiña le encanta! Se puede cenar con algo que no sea el insufrible Bob Esponja o la cansina de Peppa Pig! Ole!

Al día siguiente voy a recogerla a la guardería. “Mamá, a cantá la escalera.” Y yo no caigo, no se me ocurre ninguna canción con una escalera, pruebo con la araña que sube por el canalón, pero no cuela, no es una escalera. “Mamá, a cantá! La escalera!” Es que no sé cuál me dices cariño. “Mira mamá, voy a bailar la escalera!” La niña, teatrera y artista, se pone las manos en las caderas y empieza a cantar “Mueve tu escalera, cuando todo vaya mal, cuando todo vaya mal” Jajajaja!

Mamá de Parrulín y de Xoubiña, madre de la artista.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.