Mostrando entradas con la etiqueta ikea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ikea. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de diciembre de 2011

Mis ansiadas vacaciones


Como este verano no me cogí más que los días imprescindibles de hospitalización y primeros cuidados para mi madre después de su ingreso y reservaba los demás días por lo que pudiera pasar, ha llegado el final del año y tenía que cogerlos. He estado casi tres semanas de vacaciones si no contamos los laborables del puente. Apenas habréis notado mi ausencia porque tenía las entradas programadas, pero este ha sido el motivo por el que no he respondido a vuestros comentarios y no he pasado por vuestros blogs. Y agradezco los premios recibidos en mi ausencia por parte de Rocío, de lluvias y paraguas, y de Opiniones incorrectas. Gracias chicas!
Desde la época de estudiante en la que una planeaba estudiar las asignaturas de la carrera que le habían quedado para septiembre, se llevaba los apuntes, los dejaba encima de la mesa al llegar, y los recogía igual, sólo que con más polvo, a la hora de marcharme, no había hecho yo tantos planes fallidos para unas vacaciones.
                Objetivo: Dormir muchísimo.
Realidad: Me he despertado todos los días a las 7:10 para levantar a Parrulín y llevarlo al autobús del cole. Mi santo, suele volver a la cama a continuación, pero yo una vez me levanto no soy capaz de volver a la piltra. Culpa mía, lo sé. La siesta también descartada, aunque alguna ha caído, porque tenía que salir de casa a eso de las 4 para llegar a tiempo para recoger al niño al cole.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy agotada.
                Objetivo: Descansar muchísimo
Realidad: En tres semanas he ido seis veces a tres hospitales diferentes, he arreglado la casa, montado un mueble, asistido a un congreso de taradas e ido 45 min a una fiesta…
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy rendida.
                Objetivo: Arreglar la casa y terminar la decoración de la habitación del niño.
Realidad: Una mañana nos vamos a ikea, sorteando los peligros que ello conlleva, subimos los muebles a casa, se hace tarde y tengo que irme a recoger al niño. No sin antes advertir a mi santo: Espera a mañana, no lo montes tú solo, por favor. Cuando llego veo la estantería a medio montar, algo no me cuadra, le echo un ojo a las instrucciones: Amor, ¿has mirado las instrucciones? No me hace falta, yo soy muy bueno montando estas cosas. No dudo de tus aptitudes cariño, y apenas recuerdo que de tres muebles que has montado en 12 años de convivencia tenemos uno con la trasera al revés, otro con la trasera despegada porque según tú no hacían falta tantos clavos y otro con el zócalo del revés. ¿En serio? Si amor, concretamente el mueble de la cocina, la estantería pequeña y la estantería grande. Bueno, pero no se caen, no? No, pero el de hoy lo has montado mal, estas horizontales son las verticales y al revés. Pero si es cuadrado, pues dará igual. Bueno, pues no da igual porque tal como vas no podrás montar los últimos laterales. Dos agujeros no es lo mismo que un agujero ¿lo pillas? A ver, deja que me lea las instrucciones. Por ahí tenías que haber empezado. Pues tienes razón. Ya lo decía yo. En fin, que no tenemos más remedio que romper los tubillones para desarmarlo, taladrar los agujeros que estos habían rellenado, comprar tubillones, cortarlos a medida y montar la estantería de nuevo. Total: Tres días de montaje. Al final hemos puesto muchas cosas pero no me ha dado tiempo a pintarle un árbol en la habitación, algo que planeo desde hace mucho, mucho tiempo.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy cansada.
                Objetivo: II congreso de taradas, sábado.
Realidad: Hacemos demasiados planes, a saber, ir a la casa del Ratoncito Perez, a cortilandia y a la plaza mayor. El Sr Ratón tiene overbooking en su casa, cortilandia tiene overbooking varias calles alrededor, la plaza mayor lo mismo. Terminamos en el bar del teatro la latina, comiendo unas estupendas croquetas mientras cinco niños se pelean por dos globos, de delfín y de tiburón respectivamente.
Consecuencia: Esto sí son vacaciones! Lo pasamos fenomenal. Teníamos que haber quedado en un bar directamente.
                Objetivo: II congreso de taradas, domingo.
Realidad: Hacemos demasiados planes, a saber, ir a ver a los burros de tres cantos, ir a comer a un restaurante y terminar la tarde con queimada. Nos quedamos cortos con los kilos de zanahorias para los burros, lo pasamos genial. La comida muy bien también y la tarde lo mejor.
Consecuencia: Esto sí son vacaciones! Tan bien estuvo, tanto, que no recuerdo llegar a mi casa, tanto, que olvidé un gorro de lana, tanto que me olvidé tres vasitos de queimada, tanto, que otra de las taradas olvidó su regalo. Tanto, que tenemos que repetirlo!
                Objetivo: Llevar a Parrulín al otorrino porque ronca desde el día que nació.
Realidad: El otorrino intenta meterle una fibra para ver las vegetaciones, pero son tan grandes que no puede ni entrar. Tenemos que operarlo de vegetaciones. Ya le hemos hecho un análisis y recogido los resultados, tenemos cita el 21 con el anestesista, el 28 otra vez volvemos al otorrino y en cuanto haya quirófano se las quitan. Pobrecito mío, la que le espera, qué lástima.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy asustada.
                Objetivo: Llevar a Parrulín al cirujano abdominal por una hernia y porque tiene pegada la piel de la colita.
Realidad: Dice que la hernia es sólo un problema estético, (y esto por qué no me lo dijo el año pasado cuando lo que me dijo fue que volviera al cabo de un año?) y no vamos a cambiar un bultito de nada unos centímetros más arriba del ombligo por una cicatriz de cuatro puntos unos centímetros más arriba del ombligo. La colita ya es más complicado, tenía adherencias y un anillo que le comprime. Al final decidimos citarnos otra vez con él, habiéndole puesto al niño crema anestésica una hora antes, para que le dé un tirón y despegar la piel. Pido hora para unos días después para el “despegue” con la idea de que sea mi santo el que acuda, yo temo desmayarme, me da una grima horrorosa y es cosa de hombres, no? Acudimos días después. Parrulín la verdad que ni se entera, pero mi santo da vueltas y vueltas para aparcar y al final me como el marrón yo sola, sin desmayarme ni nada, cantando la canción del caballito trotón como una campeona. Durante unos días le escocerá un poquito al hacer pis, pero ha salido todo bien y esperemos que con esto se libre de tener que operarle de fimosis en el futuro.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy aliviada.
                Objetivo: Currar el puente
Realidad: Yo curro, si, pero no hay casi nadie no me sirve de mucho.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, curré en el puente cuando no había nadie. Si hay que ir, se va, pero ir por ir es tontería…
                Objetivo: Fiesta de Navidad de la empresa. Pasarlo genial e ir cañón dentro de mis limitadas posibilidades.
Realidad: Me coincide con el día del “despegue” del niño, me voy a la pelu, me arreglo, ¡me pinto! me voy a la fiesta, me tomo un copazo para coger fuerzas para el después, me pongo otro vestido encima que tape más para ir al médico, no vaya a ser que se distraiga y le arranque la colita, y me marcho corriendo 45 minutos después.
Consecuencia: Me lo he pasado mejor wachapeando qué ponerme con mis amigas las taradas que en la fiesta en sí. Principalmente, por falta de tiempo. Ni fiesta ni nada.
                Objetivo: Ir al spa los viernes por la mañana.
Realidad: El primero de ellos me pilla en pleno montaje de la estantería de los huevos, el segundo me pilla en el médico.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada. Espalda torcida y dolorida. Otra vez.
                Objetivo: Pedir hora e ir a una revisión ginecológica mía.
Realidad: No me dan hora hasta el 18 de enero! Como para que fuera algo urgente. Menos mal que es privado!
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, tendré que ir en horario laboral!
                Objetivo: Acompañar a mi madre al médico.
Realidad: Hemos acabado con la quimio y teníamos que tratar cómo continuar el tratamiento. Nos proponen operarla para quitarle lo más gordo, probablemente en el plazo de un mes. Un mes!
Consecuencia: Esperanza, ilusión, alegría, miedo, incredulidad, incertidumbre… Aquí hay muchas consecuencias, espero que sean todas buenas y cruzo los dedos desde ya.
Para variar, este año tampoco he cumplido ninguno de mis objetivos. Si alguien me pide que escriba una lista de propósitos para el año nuevo la lleva cruda! ¿Vacaciones? ¿Qué vacaciones? Ni vacaciones ni nada.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Los peligros de ikea

Esta historia sobre la cantidad de peligros que tiene ikea, las enormes colas, la elección de los muebles y demás productos, el susto de la tarjeta de crédito, las dificultades del transporte de los mismos, el caos del montaje y el deterioro de las relaciones conyugales empieza de la siguiente forma.
Cariño, tenemos que ir a ikea. No jodas! Dice mi santo. Eso lo negociamos después, ahora estamos negociando ir a ikea. Uf, pues si no hay más remedio... Al día siguiente nos dirigimos hacia allí. Objetivo, una estantería expedit para la habitación de Parrulin.
Primera dificultad, llegar hasta allí. Superada gracias al tom tom y a que esta estupenda mujer que escribe sabe leer planos.
Segunda dificultad, llegar hasta las estanterías. Ikea tiene una distribución laberíntica que te obliga a recorrer toda la planta hasta llegar a donde quieres, y de paso, tentarte a llevarte algo más de lo que esperabas. Mi santo esposo se niega a seguir el caminito establecido, laberíntico, pero efectivo, por lo que pasamos dos veces por la sección de cocinas y tres por la sección de sofás hasta llegar a las estanterías.
Tercera dificultad, la elección del producto. Mira cariño, esta es la estantería, de 4x4, blanca, apunto la referencia y nos vamos. ¿Y por qué no nos llevamos mejor la de 5x5? Pues porque no nos cabe. ¿Estás segura, cuánto mide la pared? No me lo sé de memoria, pero ya he comprobado que la que nos cabe es esta. ¿Y por qué no nos llevamos además otra de 4x2 y la ponemos encima y así es más alta? ¿Y para qué quiere el niño tanta estantería? Pues para que tenga sitio ya para toda la vida. Bueno... pero la pagas tú que esto no estaba en mi presupuesto. Vale, apunto la referencia. ¿Y por qué blanca? Es que todo te gusta blanco. Pues porque pesa menos visualmente. Pues es que a mi me gusta más de color madera. Bueno... pues la apunto en madera.      
Cuarta dificultad, no comprar nada más. Una vez convencido mi santo esposo que lo mejor es seguir el caminito para no volver a pasar por las cocinas vamos a buscar las cajas para la estantería. Pero... pasamos por la sección de niños y terminamos picando con una alfombra de carreteras y un complemento del juego de trenes de madera que ya tiene pero no tiene el pack del túnel y le va a encantar.
Quinta dificultad, los arrepentimientos. Cariño, me vas a matar, pero es que ahora no me convencen las cajas que hemos cogido para la estantería. Las prefiero blancas. ¿Otra vez blancas? Si, me he dejado convencer cuando las hemos elegido pero ahora creo que no, que mejor las blancas, que contrastan cromáticamente con la estantería y quedaría mejor. Damos la vuelta y las cambiamos.
Sexta dificultad, los paquetes. Tenemos todo apuntado, pasillo 6, sección 14 y pasillo 4, sección 10. Pero... la sección 10 no contiene el paquete esperado. Avisamos a un señor de por allí y nos dice que nos la traen en cinco minutos. Los cinco minutos se convierten en veinte y montamos un picnic entre los pasillos y secciones dispuestos a pasar allí la tarde. Pero lo conseguimos.
Séptima dificultad, la cola para pagar. Elegimos la cola que parecía más corta pero surgen dificultades en el pago de los señores precedentes y se convierte en la cola de los tontos.
Octava dificultad, problemas de daltonismo. Mientras esperamos la cola mi santo viene con unos maceteros de última hora. Negros.¿Te gustan? No, nada. ¿No los tienen en blanco? Qué manía con el blanco! Cariño, es que son horrorosos. A mi.me gustan, son de un azul profundo. Eh... profundo sí, pero tan profundo que es negro. Bueno, venga, pilla si quieres, pero lo pagas tú.
Novena dificultad, el pago de los productos. Inicialmente el plan era una estantería. Finalmente nos llevamos dos estanterías, cuatro cajas, un juego de trenes, una alfombra, unos maceteros horrorosos color negro profundo y unas bombillas. Pagamos sin mirar atrás y sin mirar tampoco la paga extra porque ha sido vista y no vista.
Décima dificultad, el transporte. Aunque habíamos dejado en casa la silla del niño para tener más sitio en el coche al final nos vemos obligados a encajar los paquetes de forma que el único modo posible de sentarse esta estupenda mujer que escribe es de medio lado, encajonada entre los paquetes, la puerta y el asiento del conductor. Sin apenas poder sentarme, sin apenas poder moverme y dando gracias por poder respirar. Ah, y manejando el tom tom para conseguir llegar de vuelta a casa. 
Aquí acaba este post, porque las dificultades encontradas a la hora del montaje con un hombre que se niega a seguir las instrucciones que vienen en el paquete e incluso las instrucciones que le proporciona esta estupenda mujer que escribe son tantas que mejor lo dejamos para el siguiente.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.