jueves, 22 de diciembre de 2011

De pastorcitos, regalos y felicitaciones


Esta mañana Parrulín ha ido al cole vestido de pastorcito, definitivamente no ha habido traje de muñeco de nieve. Y qué os voy a contar, que era el pastorcito más guapo del mundo! Ayer me dijo que los pastorcitos llevaban ovejas y le dije que seguramente teníamos algún peluche de oveja, que se lo buscaría. Entre los miles de regalos que le hicieron cuando nació creía recordar que había algún peluche de oveja. Efectivamente. Nunca fue de peluches el niño, por lo que estaba nuevo, y además ni siquiera lo recordaba. Así que ha sido genial sacar la oveja, “Mamá, es taaan mona…” me dice, ja, ja! Se ha ido al cole encantado, de pastorcito, con su ovejita y un par de bolsas con galletas de navidad que habíamos hecho el día anterior, una para su profe y otra para la profe del bus, que es un amor. Mañana vamos a ver a los Reyes, que vienen al trabajo, y creo que también le voy a vestir de pastorcito, porque estaba guapísimo.
En realidad el post de hoy quería dedicarlo a su carta para los Reyes Magos. No hacemos carta, porque como los vamos a ver, se lo explicaremos en persona… Aunque igual le imprimo una foto y le dejo que la recorte y la pegue en una carta, que le hará ilusión. A ver si me da tiempo esta tarde.
Lo único que quiere pedirle a los reyes es un camión de bomberos dragón, es un camión de bomberos que tiras de la escalera y se convierte en un dragón, además tiene sonidos de animales ¿?. Pues sí, lo vimos en una juguetería y le flipó tanto, tanto, que se lo ha pedido a los Reyes. El camión es este:

Mis suegros hacen los Reyes el día 25, para que puedan disfrutar de los juguetes todas las vacaciones. Y no es Papá Noel por ser el 25, no, son los Reyes, así que el niño se hace un poco de lío. Nos dan un presupuesto, para mí entender desorbitado, para que les compremos regalos, los llevamos todos allí y cuando el yayo abre la puerta del comedor está todo lleno de regalos, para 14 adultos y 11 niños! Es muy emocionante y muy divertido, aunque un poco caótico también, para qué nos vamos a engañar.
Mira que he intentado proponerle cosas al niño, pues nada, él sólo quiere un camión de bomberos dragón. No sé si es así de altruista o si es que su pequeña mente sólo abarca las ideas de una en una. El caso es que no era nada caro y he tenido que añadir bastantes más cosas para cubrir el presupuesto. El domingo tendrá los siguientes regalos:
Un cuento de dinosaurios muy grande, acompañado de cuatro pequeños dinosaurios de cuerda.
Un cuento de planetas muy chulo, acompañado de unas estrellas para colocar en su habitación al lado de la luna.
Un cuento de piratas muy lindo, acompañado de un gorro de pirata.
Un cuento de excavadoras muy divertido, acompañado de un puzle de excavadoras.
Y por último un cuento que incluye música en un cd y un juego de recortar y pegar, que le ha comprado la yaya.
Y yo, que también tengo otro presupuesto desorbitado aún no me he comprado nada, y tampoco a mi santo, que me encarga siempre a mí tales menesteres. Pero bueno, de aquí al sábado, y contando que el viernes no trabajo, que tengo que hacer helado de donuts para 25 personas, que tengo que llevarlo a ver a los Reyes y que dormimos en casa de mi madre… Pues sí, calculo que me dará tiempo! Soy la mujer que todo lo deja para el último momento pero al final todo lo consigue. ¿Quién dijo miedo?
Por último, pero no menos importante, a mis queridos 84 seguidores, a las casi 15.000 visitas recibidas, a ti, que estás leyendo en estos momentos, te deseo una muy feliz navidad, te envío un montón de cosas inmateriales que son las más importantes y más difíciles de conseguir, la salud, la felicidad, la alegría, el amor… Lo de los regalos materiales lo dejaremos para otro momento, porque no, no me ha tocado hoy la lotería!

Gracias por leerme y feliz navidad!
Sean buen@s y felices.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

De Mary a Quasimodo


Esta historia empieza con lo que viene siendo el bolso de Mary Poppins, película de Disney de 1964, ay qué mayores estamos!
 Desde que comencé mi andadura maternal mis bolsos han ido sufriendo progresivos cambios en lo que se refiere al tamaño, con un considerable aumento de sus capacidades y, por ende, de su peso. Últimamente no me quito de los hombros una mochila del Coronel Tapioca, y estoy pensando seriamente pedirle a los reyes un trasportín con ruedas como los de los adolescentes. Mi madre suele decirme que necesito un Gil Stauffer, expresión que para ella es sinónimo de un camión de mudanzas. No es raro que además vaya  cargada con al menos una bolsa, como hoy. Y es que en mi bolso o mochila puedes encontrar casi cualquier cosa. Hoy puedo batir varios records, como el de dolor de espalda por ejemplo, paso a enumerar mis cargas.
Los indispensables:
Un libro, indispensable para el transporte público, en estos momentos estoy leyendo Donde el corazón te lleve, de Susanna Tamaro. Me acabé el último, tenía prisa, estaba eligiendo uno de la estantería de casa y ver este me extrañó mucho. Cariño, ¿cómo tienes tú este libro tan cursi? No sé, supongo que me lo regaló una paciente. Vale, pues me lo llevo, que es pequeño. En otras ocasiones llevo de esos libros que sirven para hacer pesas, eso es peor.
Mi cartera, con mil fotos, recibos de banco, resguardos de regalos, garantías de compras, tarjetas varias… Menos dinero, cualquier cosa contiene mi cartera.
El abono transportes, las llaves de mi casa y de casa de mi madre, unos caramelos halls… cosas normales, vamos.
Los circunstanciales:
Un sobre con los últimos análisis de sangre de Parrulín, porque esta tarde tenemos cita con el anestesista.
Un trozo de pollo que he traído de casa y un bocadillo que me he comprado en el desayuno, para comer en el metro, camino al cole, y mientras leo el libro, porque esta tarde tenemos cita con el anestesista.
Otro bocadillo para merendar Parrulín, un plátano y un zumo, porque esta tarde tenemos cita con el anestesista.
Los de invierno:
Un gorro de lana, o más de uno, que también puede ser, uno para mí y otro para Parrulín, que un par de guantes, o más de uno, que también puede ser, uno para mí y otro para Parrulín.
Los porque nunca se sabe:
Una cámara de fotos, con su correspondiente cable, porque nunca se sabe si va a ocurrir un momento inmortalizable y quiero estar preparada. Y como dice Drew, hay que llevar siempre el cargador encima.
Un paquete de kleenex, porque nunca se sabe si va a ocurrir un momento lacrimógeno o mocoso y quiero estar preparada.
Un par de chequeras gourmet, porque nunca se sabe si voy a necesitar gastarlos y quiero estar preparada.
Un lápiz de ojos, porque nunca se sabe si voy a necesitar pintarme y quedar glamurosa en un minuto y quiero estar preparada.
Una goma de pelo, porque nunca se sabe si necesito hacerme una coleta. Ah, que ahora llevo el pelo corto, pues se habrá quedado allí desde tiempos inmemoriales. Qué sé yo.
Una libretita y un boli, porque nunca si sabe lo que puedo necesitar apuntar, como perlitas del niño o lista de la compra, y quiero estar preparada. No confío en mi capacidad de almacenaje, prefiero una libreta, es mucho más seguro.
Los navideños:
Unos zapatos de Parrulín, concretamente los de ir a la piscina, porque quiere que vayamos a casa de la yaya para dejar unos zapatos y que los Reyes sepan dónde dejar sus regalos, y he pensado, pues mira estos, que no se los voy a poner más y si se pierden en la vorágine de 11 niños y 14 adultos con un millón de regalos cada uno no me importa. Sólo puedo ir hoy, los Reyes van a casa de la yaya el 25, así que a la vuelta del anestesista pasaremos a dejarlos.
Un traje de pastorcito, porque tiene que ir de pastorcito mañana y aunque ayer le compré uno de 4 años resulta que le queda pequeño y quiero aprovecharlo el año que viene, camino del anestesista se lo cambio por una talla más. En realidad, tiene que ir de algo relacionado con la navidad (aunque sé que habrá al menos dos disfrazados de Fernando Alonso y uno de Spiderman) y cuando leí la circular Parrulín me dice “Ah, pues yo quiero ir disfrazado de muñeco de nieve” Qué muñeco de nieve ni qué gaitas! Tú, de pastorcito, como se ha hecho toda la vida. Y que se puede comprar en los chinos. Y no te visto de gaitero porque no tengo traje, que si no, te servía también. Que los trajes de pastorcita que venden los chinos son en realidad de gallega.
Los inexplicables:
Una excavadora, porque… no sé, seguro que esto ha sido cosa de Parrulín.
Un cortador de pasta, porque… ayer hicimos galletas y supongo que esto también ha sido cosa de Parrulín.
Varios caramelos y chupachups, porque la gente se empeña en regalarle caramelos al niño y como no le gustan pues acaban en siempre en el fondo del bolso hasta que hago limpieza del mismo.
Otros:
Un cuento de la biblioteca que tiene que devolver Parrulín en el cole y no confío que no lo pierda en el autobús del cole, prefiero devolverlo en persona.
Un par de botones que se han caído no sé muy bien de qué prenda y tengo pendiente coserlos aunque tampoco sé muy bien cuándo tendré tiempo para hacerlo.
En una bolsa adyacente:
Llevo varios paquetes de garbanzos, alubias y lentejas, porque hacen la operación kilo en la empresa, hoy es el último día y ayer, de todo el edificio, que debemos de ser unas 500 personas sólo había dos paquetes de alubias. Confío en que la mayoría, como yo, lo hayan dejado para el último día, porque si no, es una vergüenza.
Las consecuencias de lo anterior:
Un blíster de paracetamol y otro de ibuprofeno, porque la espalda me está matando.
Y esta historia termina siendo con lo que viene siendo el Quasimodo, el Jorobado de Notre Dame, otra peli de Disney, pero más moderna, de 1996, y que guarda cierto parecido con lo que soy yo ahora mismo.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

martes, 20 de diciembre de 2011

Los gnomos no existen!


El otro día le compré a Parrulín una lámpara para su habitación que tiene forma de seta, sólo con apretar la copa de la seta se enciende, porque me parecía mucho más útil para él que tener que andar buscando el interruptor. Trajo a casa un cuento que habían estado trabajando en el cole en el otoño que trata de unos gnomos que viven en una seta, así que me pareció que podría hacerle ilusión si le contaba que los gnomos le habían traído un regalo para su habitación de mayor. Pero no.
Teníamos que hacer unos recados antes de ir a casa de la abuela y aproveché para mantener el suspense, iba contándole que habían venido los gnomos a casa de la abuela y le habían dejado un regalo. Cuál fue mi sorpresa al oír su respuesta “Pero mamá, los gnomos no existen!” ¿Cómo que no existen? Claro que existen! Viven en el bosque, en una seta. “Pues yo nunca he visto ninguno” Ya, yo tampoco, es que se esconden en el bosque porque tienen miedo a los humanos. “Esos sólo existe en los cuentos! Mamá, que me estás engañando!”
Tras un largo rato de conversación intentando que se creyera que los gnomos le habían traído un regalo (y digo yo que para qué me meteré en estos líos) se me ocurre, creyendo que esto sí le convencería, decirle: Bueno, y entonces quién te ha traído el regalo? “Pues mamá lo habrá comprado la abuela!” Ahí ya me quedé muerta. Anda! Mira! Una grúa! Y cambié de tema.
Hacemos los recados y en el último de ellos vuelve a surgir la conversación, sólo que en esta ocasión además hay una buena señora, desconocida, en la tienda, que se parte de risa con las salidas del niño. Cuando Parrulín vuelve a insistirme en que los gnomos no existen, va la hijadeputa señora y le dice: Los gnomos no existen, pero los Reyes sí, ¿a que si? Ahí ya me quedé muda, en lugar de darle una patada en la boca a la hijadeputa señora como se merecía. Y Parrulín le dice “Claro, los Reyes sí existen, cómo no!”
Pues como si necesitara el niño que la hijadeputa señora le diera pistas para hilar cabos! Cagoenlaleche! Con lo listo que es! A este paso el año que viene, con cuatro años, se le acaba la ilusión, y por mí si le dura hasta los 18 mejor, más feliz será.
¿Pero quién se cree la hijadeputa señora esta? Esto de los Reyes tal vez sea como el chupete, el dormir en la cuna, el uso del pañal… que todo el mundo se cree con derecho a entrometerse y decirles a los niños y a sus madres consejos que en lo que a mí respecta podían metérselos por el culo callarse educadamente. Indignada estoy!
Y desde entonces un cuidado exquisito. No compro nada estando él presente, ni aunque no sea para él, que se entera de todo, hasta cuando parece que está distraído. Hila las cosas con una sorprendente capacidad. Te repite conversaciones de hace días que yo ni recuerdo. Le leo un cuento y a continuación me lo lee él a mí, porque ha memorizado el cuento palabra por palabra! Y llega el padre y se lo lee a él también al cabo de un par de horas!
Que nos dure la ilusión, que nos dure la magia, que no pierda nunca la inocencia…
Que perdón por los exabruptos, que no suelo yo incluirlos en el blog, pero hoy, tocaba.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Mis ansiadas vacaciones


Como este verano no me cogí más que los días imprescindibles de hospitalización y primeros cuidados para mi madre después de su ingreso y reservaba los demás días por lo que pudiera pasar, ha llegado el final del año y tenía que cogerlos. He estado casi tres semanas de vacaciones si no contamos los laborables del puente. Apenas habréis notado mi ausencia porque tenía las entradas programadas, pero este ha sido el motivo por el que no he respondido a vuestros comentarios y no he pasado por vuestros blogs. Y agradezco los premios recibidos en mi ausencia por parte de Rocío, de lluvias y paraguas, y de Opiniones incorrectas. Gracias chicas!
Desde la época de estudiante en la que una planeaba estudiar las asignaturas de la carrera que le habían quedado para septiembre, se llevaba los apuntes, los dejaba encima de la mesa al llegar, y los recogía igual, sólo que con más polvo, a la hora de marcharme, no había hecho yo tantos planes fallidos para unas vacaciones.
                Objetivo: Dormir muchísimo.
Realidad: Me he despertado todos los días a las 7:10 para levantar a Parrulín y llevarlo al autobús del cole. Mi santo, suele volver a la cama a continuación, pero yo una vez me levanto no soy capaz de volver a la piltra. Culpa mía, lo sé. La siesta también descartada, aunque alguna ha caído, porque tenía que salir de casa a eso de las 4 para llegar a tiempo para recoger al niño al cole.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy agotada.
                Objetivo: Descansar muchísimo
Realidad: En tres semanas he ido seis veces a tres hospitales diferentes, he arreglado la casa, montado un mueble, asistido a un congreso de taradas e ido 45 min a una fiesta…
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy rendida.
                Objetivo: Arreglar la casa y terminar la decoración de la habitación del niño.
Realidad: Una mañana nos vamos a ikea, sorteando los peligros que ello conlleva, subimos los muebles a casa, se hace tarde y tengo que irme a recoger al niño. No sin antes advertir a mi santo: Espera a mañana, no lo montes tú solo, por favor. Cuando llego veo la estantería a medio montar, algo no me cuadra, le echo un ojo a las instrucciones: Amor, ¿has mirado las instrucciones? No me hace falta, yo soy muy bueno montando estas cosas. No dudo de tus aptitudes cariño, y apenas recuerdo que de tres muebles que has montado en 12 años de convivencia tenemos uno con la trasera al revés, otro con la trasera despegada porque según tú no hacían falta tantos clavos y otro con el zócalo del revés. ¿En serio? Si amor, concretamente el mueble de la cocina, la estantería pequeña y la estantería grande. Bueno, pero no se caen, no? No, pero el de hoy lo has montado mal, estas horizontales son las verticales y al revés. Pero si es cuadrado, pues dará igual. Bueno, pues no da igual porque tal como vas no podrás montar los últimos laterales. Dos agujeros no es lo mismo que un agujero ¿lo pillas? A ver, deja que me lea las instrucciones. Por ahí tenías que haber empezado. Pues tienes razón. Ya lo decía yo. En fin, que no tenemos más remedio que romper los tubillones para desarmarlo, taladrar los agujeros que estos habían rellenado, comprar tubillones, cortarlos a medida y montar la estantería de nuevo. Total: Tres días de montaje. Al final hemos puesto muchas cosas pero no me ha dado tiempo a pintarle un árbol en la habitación, algo que planeo desde hace mucho, mucho tiempo.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy cansada.
                Objetivo: II congreso de taradas, sábado.
Realidad: Hacemos demasiados planes, a saber, ir a la casa del Ratoncito Perez, a cortilandia y a la plaza mayor. El Sr Ratón tiene overbooking en su casa, cortilandia tiene overbooking varias calles alrededor, la plaza mayor lo mismo. Terminamos en el bar del teatro la latina, comiendo unas estupendas croquetas mientras cinco niños se pelean por dos globos, de delfín y de tiburón respectivamente.
Consecuencia: Esto sí son vacaciones! Lo pasamos fenomenal. Teníamos que haber quedado en un bar directamente.
                Objetivo: II congreso de taradas, domingo.
Realidad: Hacemos demasiados planes, a saber, ir a ver a los burros de tres cantos, ir a comer a un restaurante y terminar la tarde con queimada. Nos quedamos cortos con los kilos de zanahorias para los burros, lo pasamos genial. La comida muy bien también y la tarde lo mejor.
Consecuencia: Esto sí son vacaciones! Tan bien estuvo, tanto, que no recuerdo llegar a mi casa, tanto, que olvidé un gorro de lana, tanto que me olvidé tres vasitos de queimada, tanto, que otra de las taradas olvidó su regalo. Tanto, que tenemos que repetirlo!
                Objetivo: Llevar a Parrulín al otorrino porque ronca desde el día que nació.
Realidad: El otorrino intenta meterle una fibra para ver las vegetaciones, pero son tan grandes que no puede ni entrar. Tenemos que operarlo de vegetaciones. Ya le hemos hecho un análisis y recogido los resultados, tenemos cita el 21 con el anestesista, el 28 otra vez volvemos al otorrino y en cuanto haya quirófano se las quitan. Pobrecito mío, la que le espera, qué lástima.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy asustada.
                Objetivo: Llevar a Parrulín al cirujano abdominal por una hernia y porque tiene pegada la piel de la colita.
Realidad: Dice que la hernia es sólo un problema estético, (y esto por qué no me lo dijo el año pasado cuando lo que me dijo fue que volviera al cabo de un año?) y no vamos a cambiar un bultito de nada unos centímetros más arriba del ombligo por una cicatriz de cuatro puntos unos centímetros más arriba del ombligo. La colita ya es más complicado, tenía adherencias y un anillo que le comprime. Al final decidimos citarnos otra vez con él, habiéndole puesto al niño crema anestésica una hora antes, para que le dé un tirón y despegar la piel. Pido hora para unos días después para el “despegue” con la idea de que sea mi santo el que acuda, yo temo desmayarme, me da una grima horrorosa y es cosa de hombres, no? Acudimos días después. Parrulín la verdad que ni se entera, pero mi santo da vueltas y vueltas para aparcar y al final me como el marrón yo sola, sin desmayarme ni nada, cantando la canción del caballito trotón como una campeona. Durante unos días le escocerá un poquito al hacer pis, pero ha salido todo bien y esperemos que con esto se libre de tener que operarle de fimosis en el futuro.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, estoy aliviada.
                Objetivo: Currar el puente
Realidad: Yo curro, si, pero no hay casi nadie no me sirve de mucho.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, curré en el puente cuando no había nadie. Si hay que ir, se va, pero ir por ir es tontería…
                Objetivo: Fiesta de Navidad de la empresa. Pasarlo genial e ir cañón dentro de mis limitadas posibilidades.
Realidad: Me coincide con el día del “despegue” del niño, me voy a la pelu, me arreglo, ¡me pinto! me voy a la fiesta, me tomo un copazo para coger fuerzas para el después, me pongo otro vestido encima que tape más para ir al médico, no vaya a ser que se distraiga y le arranque la colita, y me marcho corriendo 45 minutos después.
Consecuencia: Me lo he pasado mejor wachapeando qué ponerme con mis amigas las taradas que en la fiesta en sí. Principalmente, por falta de tiempo. Ni fiesta ni nada.
                Objetivo: Ir al spa los viernes por la mañana.
Realidad: El primero de ellos me pilla en pleno montaje de la estantería de los huevos, el segundo me pilla en el médico.
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada. Espalda torcida y dolorida. Otra vez.
                Objetivo: Pedir hora e ir a una revisión ginecológica mía.
Realidad: No me dan hora hasta el 18 de enero! Como para que fuera algo urgente. Menos mal que es privado!
Consecuencia: Ni vacaciones ni nada, tendré que ir en horario laboral!
                Objetivo: Acompañar a mi madre al médico.
Realidad: Hemos acabado con la quimio y teníamos que tratar cómo continuar el tratamiento. Nos proponen operarla para quitarle lo más gordo, probablemente en el plazo de un mes. Un mes!
Consecuencia: Esperanza, ilusión, alegría, miedo, incredulidad, incertidumbre… Aquí hay muchas consecuencias, espero que sean todas buenas y cruzo los dedos desde ya.
Para variar, este año tampoco he cumplido ninguno de mis objetivos. Si alguien me pide que escriba una lista de propósitos para el año nuevo la lleva cruda! ¿Vacaciones? ¿Qué vacaciones? Ni vacaciones ni nada.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Una historia de Reyes


Somos tres hermanos, y como son tres los reyes magos, cada uno tenía su preferido. Mi hermana mayor era de Melchor, mi hermano pequeño era de Gaspar y yo, que soy la del medio, era de Baltasar, no sé por qué, ninguno tenía una razón especial, pero cada uno tenía su favorito. Hasta que un día sucedió algo que cambió para siempre mis preferencias.
Un día de Reyes de principios de los 80.
Lugar: Palacio de deportes.
Evento: Espectáculo de Teresa Rabal.
Suceso: El Rey Gaspar salva a una niña de esnafrarse contra el suelo.
Protagonistas: El Rey Gaspar y esta estupenda mujer que escribe, entonces, una niña.
Allá en la lejana galaxia década de los 80, supongo que debía de tener yo unos 5-6 años, mis padres nos llevaron a los tres hermanos a ver a Teresa Rabal en el Palacio de los Deportes, nos encantaba Teresa Rabal! Aún conservo cintas, si, cintas, de Teresa Rabal que le pongo a Parrulín en el baño. Me pongo de pie, me vuelvo a sentar…♫ (Estoy pensando llevarle al circo de Teresa estas Navidades, ya veremos)
La gran sorpresa que nos esperaba era que al final del espectáculo de allí salían los Reyes Magos para comenzar la cabalgata y pasaban entre las filas de niños saludándolos. Tenemos fotos de esas del corte inglés sentados en las rodillas de los Reyes, así que no era la primera vez que los veía, pero los del corte inglés, como que no eran de verdad para mí, y estos SI eran de verdad, porque eran los de la cabalgata!
Teníamos el pasillo a nuestra espalda, por lo que cuando los Reyes comenzaron a salir nos dimos la vuelta y nuestros padres nos subieron a las sillas para verlos mejor. Era la mía una de esas sillas de madera plegables y mis padres estaban pendientes de mi hermano pequeño. Se acercan los Reyes y mi silla plegable comienza a plegarse. No podía bajarme de allí por la cantidad de gente que había, recuerdo a cámara lenta cómo la silla se va cerrando y yo me voy cayendo y visualizándome estampada contra el suelo, hasta que en el último momento, justo cuando pasa por delante el Rey Gaspar, se da cuenta del peligro y me coge en brazos para darme un beso en la mejilla y depositarme suavemente en el suelo. Le guiña un ojo a mi padre y continúa la cabalgata.
Papá, que me ha salvado! El Rey Gaspar me ha salvado! Has visto? Si, claro, lo he visto. Eh… ¿y por qué te ha guiñado un ojo a ti? Pues… porque he estado hablando antes con él y te iba a traer los regalos que habías pedido. Ah, bueno. Desde entonces renegué del pobre Baltasar y me hice fan de Gaspar, mi héroe.
Un día de Reyes de finales de los 80.
Lugar: El salón de mi casa.
Evento: Pregunta fatídica ¿los Reyes existen?
Suceso: Una niña descubre la verdad de los Reyes y de su héroe.
Protagonistas: Papá, mamá y esta estupenda mujer que escribe, entonces, una niña.
Una niña de nueve años, que ya el año pasado tenía sus dudas, decide hacer la pregunta fatídica: Mamá, ¿los reyes existen? Contestación de la madre: Quieres que te conteste la verdad o la mentira? Contestación de la hija: Mejor no me contestes porque con eso ya me lo has dicho todo. Contestación del padre: ¿Te acuerdas de aquellas navidades en las que Gaspar te salvó de caerte de la silla? Si, claro, cómo no. También recuerdo que te guiñó un ojo. Bien, pues era tu tío J.
De un golpe cayeron dos mitos, los Reyes Magos y mi Rey Gaspar, héroe por salvarme aquel día. Snif!
Otro día más.
Sean buen@s y felices.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Las Navidades son de recuerdos y tristezas

Recuerdo vivir la llegada de los Reyes Magos de niña, con emoción, recuerdo pasar algunas Navidades en Galicia, pero también recuerdo algún año que eran mis abuelos los que venían a Madrid, recuerdo que ellos nos llevaban a ver la cabalgata, recuerdo pasar mucho tiempo en la calle esperando a que llegaran Sus Majestades, y recuerdo también que durante la espera me hacía pis varias veces de la emoción de ver a los Reyes en persona.
Recuerdo aquellas Navidades que pasábamos en Madrid, recuerdo que mis padres no nos dejaban salir de la habitación hasta las 9, recuerdo a mi hermana mayor ejerciendo de responsable para impedir que saliéramos hasta las 9 en punto. Recuerdo que dejaban los regalos en la habitación de mis padres y cómo corríamos hacia allí. Recuerdo varias muñecas preciosas. Recuerdo especialmente una muñeca chinita que era ideal. Recuerdo una Nancy que bailaba moviendo la cintura. Recuerdo un muñeco bebé que le dabas un biberón mágico. Recuerdo el tragabolas. Recuerdo una casita de Blancanieves de las barriguitas. Recuerdo el fuerte de los clic que le trajeron a mi hermano, que tanto jugué yo también. Recuerdo extrañarme pensando que mi madre merecía regalos mejores, que vaya birria le habían traído, si había sido muy buena!
Recuerdo que íbamos siempre a comprar caretas y panderetas a la plaza mayor. Recuerdo que queríamos sorprender a mis abuelos al llegar a Galicia y que creyeran que no habíamos ido los niños cuando veían bajar del tren a nuestros padres y detrás tres enanos con caretas. Recuerdo cómo se hacían siempre los sorprendidos ¿y los niños?
Recuerdo haberme perdido en la plaza mayor. Recuerdo llorar en plan Chencho por haber perdido a mis padres. Recuerdo parar a un matrimonio joven, pedirles que me llevaran a mi casa y darles mi dirección. Recuerdo ver llegar corriendo a mi padre todo preocupado por haberme perdido.
Recuerdo la enorme casa de mis abuelos en Galicia, recuerdo que dejábamos los zapatos en la puerta de cada habitación, recuerdo descubrir cómo la abuela, sigilosamente, iba llenando los zapatos mientras nos creía dormidos. Ay abuela, te echo tanto de menos, cada día!
Recuerdo la llamada del hospital del día de Reyes. Recuerdo cómo desconectaron a mi abuela sin permiso. Recuerdo no saber qué hacer con sus regalos preparados. Recuerdo gritarle al médico que no podía morirse mi abuela ahora, de repente, que acabábamos de enterrar a mi padre!
La Navidad nos llena de recuerdos, unos agradables y otros no, pero extrañamente pesa siempre más el dolor de los seres perdidos. Nunca volverá a ser igual el día de Reyes desde que se murió la abuela. Estas Navidades son especialmente duras con la enfermedad de mi madre. Hemos llegado a las Navidades, a pesar del pronóstico que me dieron en Julio. Así de crudo me lo comunicaron, sola, en mitad del pasillo del hospital. ¿Cuánto le queda de vida? No me dijeron le quedan tres meses. Su contestación fue: No llegará a Navidad. Y se me cayó el mundo encima. Pero ha llegado, y está mejor, y no sé si será su última Navidad, y es duro. Y me duele el corazón, y a veces incluso me duele respirar.
Y me empeño en que sea especial para mi hijo, y me empeño en decorar la casa, en enseñarle villancicos, llevarle a la plaza mayor, a Cortylandia… Y sin embargo, me siento muy triste, demasiado triste para ser Navidad. Demasiado triste para ser la última Navidad de mi madre y la primera en la que mi hijo realmente se da cuenta de la Navidad.
Y su profe me dice que de vez en cuando le pregunta por la abuela, que el niño le contesta que la abuela está bien, pero que mamá está triste. Y su profe me lo cuenta y se me caen las lágrimas de nuevo.
La vida es triste. Las Navidades son tristes.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.