Parrulín descubrió hace unos meses los libros de Gerónimo Stilton y, aunque son para niños mayores que él, no es que los lea, si no que los devora. Le gustan tanto, tanto, que además le apasiona contarme las aventuras de este ratón que tanto viaja. Yo le escucho pacientemente, o resignadamente más bien. A veces se inventa algo parecido a las aventuras de Gerónimo.
Ayer, en el metro, camino del mercadillo Adelita, (que es el mejor descubrimiento de todos los tiempos, dos vestidos y una camiseta para la niña y otra camiseta para él, 6€ todo!) me dice: "Mamá, jugamos a que yo era Gerónimo Stilton?" Si no hay más remedio... Digo, si claro, mi amor, yo encantada. "De acuerdo. A qué mundo quieres viajar?" Pues no sé. Qué te parece al mundo de los besos? "Mmmmm... De acuerdo!" Y me empieza a contar el viaje al mundo de los besos.
"El mundo de los besos está lleno de vacas, vacas por aquí, vacas por allá, todo lleno de vacas. Y las vacas del mundo de los besos hacen muuuuuuuua, muuuuuuuua!" Jajajaja!
"El mundo de los besos también está lleno de ovejas, ovejas por aquí, ovejas por allá, todo lleno de ovejas. Y las ovejas del mundo de los besos hacen beeeeeeeeso, beeeeeeeeso!" Jajajaja! Yo me partía de risa.
Intentó meter más animales en el mundo de los besos pero casi mejor que fueran mudos porque no quedaba nada bien oink, oink, mua, hi-ho, hi-ho, mua, etc.
"En el mundo de los besos todas las casas tienen forma de corazón, hasta las ventanas y las puertas tienen forma de corazón" Mmm... La arquitecto que llevo en mi interior toma la palabra. No sé yo si aguantaría con esa poca base, igual con un pilar central... No sé yo la distribución interior, igual la ventana de corazón quedaba mona, pero por la puerta no creo que cupiera el carrito. A veces Parrulín no me escucha, cuando habla la arquitecto que llevo en mi interior menos aún, así que sigue a su rollo.
"En el mundo de los besos también hay bomberos, por si se quema una casa. Los bomberos del mundo de los besos..." Huy los bomberos del mundo de los besos, mejor que no me deje llevar yo por este pensamiento "... tienen unas mangueras muy largas que están llenas de corazones." Claro, y salen corazones para apagar el fuego. "No mamá, sale agua, que si no no podrían apagarlo!" Vaya, pues es verdad, no lo había pensado yo.
Oye, Parrulín, y en el mundo de los besos qué hacen las mamás? Están todo el día dando besos a sus hijos? Le digo llenándolo de besos, en un arranque sentimental. "Pues qué van a hacer, mamá, pues la comida!" Jajajaja!
Mamá de Parrulín y de Xoubiña.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.
El otro día me preguntaron ¿Cómo te definirías? No me
esperaba esa pregunta y no supe qué contestar. Eso de definirme no me lo había
planteado nunca y me dejó pensando varios días. Sí, soy lenta para pensarlo, o
eso o es que estoy muy ocupada. Recordé unos deberes del colegio en los que
tenía que definir a mis padres con dos palabras. Para mi madre elegí dulce y
cariñosa, para mi padre, inteligente y achaparrado. Debía de tener unos siete
años o así. Se morían de risa en casa y en el cole con lo de achaparrado. Hoy
me doy cuenta de la enorme diferencia sentimental que implicaban ambas
definiciones y me sorprende que no fuera eso lo que les llamara la atención. Dulce
no sé, cariñosa sí soy, y besucona, pero lo reservo para la familia. Achaparrada
sí, pero preferiría no definirme así a mí misma. No me gusta “achaparrada”, sigo
pensando entonces.
¿Soy mujer, soy hija (o era, y lo fui entregando toda mi alma), soy madre, soy
esposa, soy arquitecta? El estado civil no define a las personas y la profesión
tampoco. Como dice la cantante gallega Sés “eu non escollín ser muller e
galega; simplemente tiven sorte”, jeje, me encanta esa frase, seguro que la voy
a utilizar más de una vez. Aunque madre me define mucho no llega a convencerme,
deja fuera muchos aspectos de mi vida que también son importantes. No me vale
ninguno de estos adjetivos, sigo pensando entonces.
¿Soy divertida? Uf! Pues lo intento, de verdad que lo
intento. Intento que cada día mis hijos sean felices y alegres. Hasta tal punto
que en ocasiones me veo poseída por algo parecido a una animadora sociocultural
infantil. Como cuando voy cantando y bailando en el metro, como cuando juego
con ellos sin importarme el ridículo ni las miradas, como cuando me río a
carcajadas… pero cuando ellos no están me inclino peligrosamente hacia la pena como
una barca que naufraga ahogándose en el recuerdo. Yo quiero que en la crianza
de mis hijos no falte en el sentido del humor, también es lo que pretendo en
este blog y aunque a veces ha sido muy divertido, otras ha sido tan dramático
como las circunstancias que me han tocado vivir, como la vida misma. Mejor me
definiría… ¿bipolar? No, no, eso es un asunto mucho más serio que este.
¿Voluble? Mmm… quizá. ¿Veleta? Te vas acercando, caliente, caliente.
¿Descerebrada? Huy, ese sí que lo he usado muchas veces para definirme, al menos
en el blog, pero en la vida real quedaría raro. ¿Cómo te defines? Descerebrada.
No, no me convence tampoco.
He llegado a la conclusión de que la palabra que mejor me
define es sentimental. Sí, soy una sentimental. Me puede el corazón, lo entrego
por completo, tanto si me lo piden como si no, tanto si lo merecen como si no,
tanto si lo aprecian como si no. Soy una sentimental sin remedio, me dejo
llevar por las emociones y por los sentimientos que van dándome bandazos sin
cesar de aquí para allá. Y soy de las que se me cae la lagrimita por cualquier
emoción, soy de lágrima fácil, pero que muy, muy fácil.
La última vez que se me ha resbalado una lágrima por la
emoción ha sido hace un par de días, en la batalla de Twitter por hacer que
#NoSinMiTeta sonara fuerte y llegara a ser trending topic. Cuando leí que
habíamos conseguido llegar al segundo puesto con más de un millón de twiteos se
me escapó la lágrima. Me he visto emocionalmente implicada en este tema y saber
que al menos nos han escuchado, me ha llenado de alegría y de emoción.
Creo que no ha habido un momento importante en mi vida en el
que no llorara de emoción. No hay boda en la que no llore, aunque sea del
telediario o de una película. A mi hermana le escribí algo tan, tan bonito para
su boda que algún día os lo pongo a ver si resistís la lágrima vosotros. Fue un
cuadro de lectura, jajaja, yo leyendo el texto que tanto había preparado,
imaginando que era una actriz en un escenario para evitar que la emoción echara
a perder la lectura, y a pesar de eso terminé llorando, los novios llorando, las
madres de los novios llorando, muchos invitados llorando, sin caer en la
cursilería fue todo un despliegue de sentimentalismo abrumador.
Con mis hijos he llorado de emoción desde el principio, con
cada predictor, con cada eco, con la cada patada, con cada monitores, con cada
nacimiento, con cada salida del hospital, con cada bautizo, con cada primer
“ajo”, con cada primera sonrisa, con cada primer “mamá”, con cada primer paso… Bueno,
y con los segundos, los terceros… He llorado muchas veces con ellos de emoción,
también de orgullo, de impotencia ante su dolor…
Cuando era un bebé cada vez que veía a Parrulín en brazos de su padre lloraba
de emoción pensando lo buen padre que era y la suerte que tenía Parrulín con
él. Me emociona ver a Xoubiña durmiendo junto a mi santo. Me emociona ver cómo
se adoran mis dos hijos, se buscan con la mirada, son cómplices divertidos, se besan y se abrazan
constantemente. Me emociona ver a Xoubiña sacando morritos exigiendo un beso de su hermano. Me emociona que prefiera darle besos a su hermano antes
que a mí.
Me emociona ver a una pareja de abuelos paseando juntos,
quizá en silencio, pero juntos en su vejez. Me emocionan los primeros brotes de
los almendros que se adelantan a la primavera. Me emociona ver un papá llevando
un portabebés. Me emociona que alguien que hace mucho tiempo que no veo se
acuerde de mí. Me emocionan algunas de las historias que leo en los libros. Me emocionan todas las canciones que llegan hasta el alma. Me emociona la lucha por los ideales y las batallas contra las injusticias. Me
emocionan los gestos cariñosos, los detalles especiales, las miradas cómplices y
las sonrisas sinceras. Me emocionan los reencuentros y también las despedidas.
Para bien o para mal, he llegado a la conclusión de que la palabra que mejor
me define es que soy una sentimental, irremediablemente y perdidamente sentimental!
Esta entrada no es para reivindicar la lactancia materna, no voy a hablar de los beneficios de la teta ni de lo contenta que estoy con mi lactancia prolongada. Porque no vengo a hablar de la teta que da leche, de la teta que alimenta. Vengo a hablar de la otra, de la teta que nos hace tener figura femenina, de la que nos sentimos orgullosas de adolescentes, la que se descuelga con los años, le salen estrías, esa que en algún momento de nuestra vida nos acompleja, por grande, por pequeña, por torcida, por lo que sea. Pero que es nuestra! Y tenemos derecho a ella!
Este blog forma parte de la iniciativa de Paris y de su blog, Diario de mi embarazo y de mi maternidad, del Twitter #NoSinMiTeta. Porque su entrada me ha revuelto las tripas y el alma. Porque por un momento he estado casi segura de que la foto que adjunta era mi madre, hasta tal punto que le he hecho un zoom para ver si esa marca de la axila era un golondrino que ella tenía, sigo sin estar segura de que no sea mi madre, la cicatriz, el color de su piel, los pliegues del cuello, todo me parece ser ella aunque supongo que sería mucha casualidad. He tenido esa vivencia cercana y quiero contarla porque quiero que deje de ser un tema tabú, porque quiero hacer ruido con este carnaval y poner mi granito de arena en él. Paris ha conseguido grandes cosas en este corto espacio de tiempo y su vivencia está teniendo gran repercusión en los medios. Hoy es el día de hacer ruido, pandeirada #NoSinMiTeta, compartir, twitear y retwitear todo lo que podáis sobre este tema para llegar a ser un top 10.
Quiero contar como una masectomía puede cambiar la vida de una persona y la de toda la gente que la rodea, cómo puede convertirse en un trauma para toda la vida e incluso llegar a alterar el destino de una persona, quien sabe si mi madre estaría hoy aquí si hace casi 20 años y "por si acaso" no le hubieran extirpado una teta y con ella su autoestima y su dignidad.
Yo tenía 18 años, era mi último verano antes de empezar la carrera de arquitectura. Había pasado el mes de julio en Irlanda y en el mes de agosto había sido la reina de las fiestas de mi pueblo, era joven y guapa, el día de fin de fiestas, subida en la carroza, lanzaba confetis y serpentinas y mi padre caminaba al lado de mi carroza, inflado de orgullo. Aquella noche mi padre tuvo algún tipo de ataque, empezó a hablar exclusivamente en latín y lo trasladaron al hospital provincial, a 30km de casa, al día siguiente vi cómo le recuperaban con unas palas tras sufrir una parada cardiorrespiratoria y entró en coma. No despertaba ni sabían qué tenía, no nos daban esperanza ninguna.
Llevaba una semana en coma, más o menos, cuando por casualidad o por estrés, a mi madre se le explotó una teta. Del agujero empezó a salir pus y otras cosas que prefiero no saber y los médicos nos recomendaron irnos a Madrid a operarla dejando a mi padre en la uvi, porque por él no podíamos hacer nada. Quedaban pocos días para empezar la universidad y tanto mi padre como mi madre estaban ingresados, cada uno en una ciudad distinta, y el pronóstico de ambos era malo, muy malo.
El médico decidió que tenía mala pinta y, por si acaso, a mi madre le hicieron una masectomía total, con ganglios incluidos. Mi padre despertó al cabo de 27 días en un coma inexplicable, fue mi hermano a buscarlo y acompañarlo a Madrid, donde estaba mi madre aún ingresada.
En aquella época los tumores se juzgaban a ojo, los analizaban después de extirparlos y te lo quitaba el mismo ginecólogo con el que nos había parido a los tres, después de unas semanas de angustia el resultado fue negativo. Sorprendentemente, y contra todo pronóstico los dos salieron bien de aquello.
Sin embargo mi madre nunca volvió a ser la misma. Ella se sentía "mutilada", esa era la forma tan brutal con la que lo definía. Durante años no fue capaz de ducharse sin tener los ojos fuertemente cerrados para no verse. Se compró prótesis e incluso un bañador adaptado pero teniendo una casa junto al mar jamás volvió a bajar a la playa por no ponerse el bañador. Su brazo izquierdo siempre estaba hinchado, no pudo volver a coger peso y le acomplejaba el uso de manga corta.
Por no preocupar a mi abuela nunca le contó la verdad, cuando estábamos en Galicia siempre dormía con la prótesis puesta para que no se enterara, angustiada de que pudiera entrar de noche en su habitación y duchándose cuando ella salía al supermercado o a hacer algún recado.
Su trauma era tan grande que yo nunca le vi la enorme cicatriz hasta que tuvo el cáncer "de verdad" y estaba ya tan grave que tenía que ayudarla a asearse. Se negaba a cualquier tipo de aseo por parte de las enfermeras que, siendo oncológicas, habrían visto más de una masectomía pero mi madre decía que era un asco y no quería que la vieran.
Nunca nadie le propuso una reconstrucción, no sé si hace 20 años se hacían y tampoco si lo hubiera aceptado, con el miedo que le tenía ella a los médicos y a entrar en un quirófano. Esa "mutilación", como ella lo definía, le cambió la vida.
Tenía un trauma tan grande que semanas antes de tener que hacerse una revisión se ponía enferma de los nervios por tener que enseñársela al ginecólogo. Cuando este señor se jubiló ella decidió que también se jubilaba, habían pasado más de 10 años de revisiones por un cáncer que no era tal y se negó terminantemente a acudir a otro que no fuera SU ginecólogo.
Quizá sin aquel trauma mi madre habría sido más feliz. Quizá sin su "mutilación" habría hecho revisiones anuales. Quizá, y sólo quizá, habríamos estado a tiempo de salvarla. Quizá seguiría disfrutando de sus nietos y yo de ella. Quizá habría visto a mi niña dar sus primeros pasos y decir sus primeras palabras. Quizá seguiría acariciando su pelona cabecita y llamándola el melocotón de su abuela. Quizá estaría ahora abrazándola en lugar de estar escribiendo este post.
#NoSinMiTeta, día de hacer ruido.
Carnaval #NoSinMiTeta
Mamá de Parrulín y de Xoubiña.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.
EDITADO
He editado este post para añadir la imagen y el listado de blogs que participan en este carnaval.
Quiero también expresar mi alegría por haber vivido la batalla de Twitter para conseguir que #NoSinMiTeta llegara a ser trending topic entre las 22 y 23 horas.
Sigamos haciendo ruido!
Era 11 de marzo de 2004. Un día que no he dejado de recordar, que se quedó grabado a fuego en el corazón de todos los españoles.
Aquel día llegaba tarde a trabajar, iba en un taxi y pasé por la plaza de la estación de Atocha camino de la oficina. Debía de ser más o menos la hora de la masacre, aunque yo no vi nada, ni pasajeros heridos, ni ambulancias, ni policías, quizá no había llegado aún la ayuda.
El taxista tenía puesta la radio y yo debía de estar pensando en otra cosa porque recuerdo haber oído algo de una bomba y pensé que era como aquellas que habían puesto recientemente en las vías del ave, que no causaron más que algunos pocos daños. Quizá era sólo la confusión de los primeros minutos.
Al llegar a trabajar estaba sola, de las 12 personas que formaban mi departamento de aquel entonces no había llegado ninguna todavía, lo que era raro. Me llamó mi madre, preocupadísima, me lo contó y puse la radio. Estaba alucinando, parecía una película. Estaba sola.
Al poco tiempo empezaron a sonar los teléfonos de mis compañeros de forma insistente. No solíamos responder teléfonos ajenos pero imaginé que eran familiares.
Recuerdo corriendo de teléfono en teléfono. La madre, la hermana, la abuela... Intentaba tranquilizar a un montón de gente que no conocía. No funcionan los móviles, ni el metro, tardará en llegar, le digo que te llame. Iba dejando post it en la pantalla del ordenador. Llama a tu madre, llama a tu hermana, llama a tu abuela... En el departamento de al lado también llamaban sin cesar, era mucho más grande que el mío. Me organicé con otra chica para contestar todos los posibles. Al final los post it sólo decían Madre, hermana, abuela...
Está Elena? No, señora, no ha llegado todavía. La señora llora, yo también sin que lo note a través del teléfono. Mi nieta pasa por Atocha! No señora, su nieta vive en Vicálvaro y no pasa por allí. Hace poco que sí, porque llega antes en el cercanías. Señora, tranquila, estará todo colapsado y no podrá llegar hasta dentro de un rato, de cualquier modo para estar aquí a las 9 no pasaría por Atocha a esa hora, es muy pronto. Hoy entraba antes porque tenía inglés. (...) Recuerdo esta conversación como la peor de todas, pobre abuela.
Elena terminó llegando a trabajar, el resto de mis compañeros también. La normalidad no conseguimos establecerla, no apagamos la radio en toda la mañana. La empresa en la que trabajamos realiza obras para cercanías. Algunos compañeros tuvieron que ir a hacer una primera valoración de los daños. Volvían contando cosas espantosas.
Soy una privilegiada, no conozco a nadie que muriera aquel día, ni que resultara herida, ni tan siquiera que estuviera allí ese día. Pero dejó huella en mi corazón.
Alguna vez había estado yo en Atocha antes de ese día, una temporada tuve que ir a menudo para dibujar bocetos de Atocha para una asignatura de la carrera. Pero no solía usarla como pasajera.
Hoy paso por allí todos los días y no dejo nunca de impresionarme y de sentir que en aquella estación ocurrió algo terrible que aún flota en el ambiente, siento una especie de malas vibraciones que probablemente sean sólo sugestión mía.
Si yo lo pasé tan mal apenas unas horas, y simplemente contestando el teléfono, no puedo ni imaginar el sufrimiento de los afectados, la búsqueda de sus seres queridos, la confirmación de sus peores sospechas, la alegría de encontrarlos heridos, el dolor de sus cicatrices. Soy una privilegiada.
Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.
Mamá de Parrulín y de Xoubiña.
Otro día más.
Sean buen@s y felices.
El viernes iban a disfrazar a Xoubiña en la guarde, el
disfraz era sorpresa y la única condición-pista que nos daban era que teníamos
que llevarla vestida de negro ¿negro con amarillo? ¿negro con rojo? ¿negro con
blanco? Venga, va, una pista más. Imposible. Le teñí un body y unos leotardos
de negro. Quedó fatal, pero fatal, fatal. Mis manos quedaron mucho más negras
(y no se iba!!!) que la ropa en cuestión. No teníamos más remedio que ponérselo
al día siguiente, iba de negro desteñido o mal teñido, así como a ronchones,
pobrecita mía. Esto de teñir ropa no va a ser tanto chollo como yo pensaba. Es
la tercera vez que tiño y la primera que me sale mal, pero me siento
defraudada.
Cuando voy a recogerla me la encuentro vestida de mariquita,
con unas alas de cartón, la cara toda pintada, los mofletes rojos con puntos
negros, una mancha negra en la nariz y dos cuernitos negros en una diadema. Ay
por favor que me la como! Tan preciosa estaba que ya ni te fijabas en el
desteñido de la ropa. Doce niñ@s de su edad vestidos de mariquita, eran toda
una estampa, estaban preciosos y graciosísimos tod@s.
Estaba tan guapa que no la metí en el carrito por no
quitarle las alas, y fuimos un buen rato con ella caminando. El día anterior,
de caperucita, también había ido un rato caminando y el hermano la llamaba a
gritos “Caperuza, caperuza!” ¿Adivináis la versión del viernes? Si, esa misma,
no podía ser otra. El hermano la llamaba por la calle a gritos “Marica, marica!”
y yo Parrulín, por favor que no la llames marica! Xoubiña mientras tanto,
muerta de risa. Le ha encantado el disfraz de mariquita también, se ha pasado
todo el fin de semana pidiendo que le pusiéramos las alas y los cuernitos.
Hace unos días que Xoubiña empezó a decir pepe a los patos, pollos, gallinas,
palomas, y cualquier ave en general. Cambié las cortinas del baño y puse unas
de patitos, se vuelve loca, tiene muchos patos y a todos les dice pepe, pepe, pepe. Me imaginé que en la
guarde tenían el libro del pollo Pepe, se lo pregunté a su profe y me dijo que
sí, y que le encantaba.
Sé que es un libro muy conocido, pero nunca se lo llegué a
comprar a Parrulín porque destrozaba todos los libros y ese me parecía muy
delicado. Parrulín los destrozaba e incluso se los comía, de forma literal. Yo
empeñada en buscar libros que no se comiera y los compraba de todos los
materiales posibles, se comió libros de papel, libros de cartón, libros de
plástico y libros de goma eva, los de tela eran los únicos que resistían a
pesar de llevarse algunos mordiscos. En cuanto dejabas un libro en sus manos y
te despistabas un segundo le arreaba un mordisco. Ahora los devora, si, pero es
que antes era literal.
El sábado por la mañana, con Xoubiña disfrazada de nuevo de
caperucita y Parrulín de lobo, nos fuimos a la librería a la que vamos siempre
porque hay un cuentacuentos gratuito. Gratuito es, y los entretiene media hora,
pero luego terminas picando algo y ya no sale tan gratuito el asunto. Le compré
la versión de cuento de pollo Pepe + peluche de pollo Pepe. Bueno, bueno, bueno,
absolutamente emocionada la niña. Pepe!
Pepe! Pepe!
La cestita de Caperucita la llevaba vacía, había probado a
meterla varias cosas, pero todas las sacaba, el jueves había llevado la cesta
vacía aunque se había dedicado a meter dentro sus zapatos según se los iba
quitando. Me pregunto ¿Qué le llevaría hoy una Caperucita moderna a su
abuelita? ¿Un ipad, un tupper y el frenadol, un buen libro, unas cupcakes y una
botella de orujo? Yo me apuntaría a la segunda versión, sobre todo por el
orujo, jajaja, pero va en gustos. En el caso de Xoubiña la cestita vacía resultó
ser perfecta para el pollo Pepe. Para qué quieres más, con lo contenta que
estaba antes disfrazada y lo contenta que iba ahora disfrazada y con el pollo
Pepe metido en la cestita. Y pobre del que tocara al pollo Pepe. Pepe, Pepe, Pepe mía!
Por la tarde fuimos a ver a mis suegros, que vieran a los
chiquillos disfrazados que estaban muy lindos, cuando Parrulín nos dice que le
pica la cabeza. Nooooo! Pero sí. A partir de ese momento me empieza a picar a
mí también la cabeza. Contagio instantáneo o aprehensión instantánea, no sé,
pero yo por si acaso realizo el domingo la operación piojo completa.
Tratamiento al niño, tratamiento a mí, a Xoubiña no porque sigue sin tener
pelo, se salvó, liendrera para arriba, liendrera para abajo, lavado de toda la
ropa de cama, de todas las toallas, toallas exclusivas para él y para mí,
lavado y desinfectado de peines… Compré un tratamiento en la farmacia que
incluía un acondicionador para usar mejor la liendrera, quiero decir que
conscientemente accedí a que me tomaran el pelo, en el sentido literal. Para mi
sorpresa el acondicionador ha resultado ser estupendo. Nunca pensé que se podía
pasar una liendrera sin dar tirones, creía que era intrínseco en ella. Pero no.
Espero haber ganado la guerra y que no se vuelva a repetir.
Entre carnavales y operación piojo pasó volando el fin de
semana. Empezamos semana nueva de mes nuevo. Y la empezamos preguntando (otra
vez) ¿cuánto queda para semana santa???!!!
Mi niña nació el 29 de agosto del 2012. El 29 de febrero del
2014 cumpliría año y medio. Como ese día no existe tenemos licencia para
celebrarlo cuando queramos. Y como cualquier excusa es buena para celebrar he
decidido que se celebra hoy. Feliz año y medio Xoubiña!!!
Xoubiña, mi niña con nombre de reina, mi currusquita, mi
pequerrechiña, mi amor, mi compañía, mi consuelo, el melocotón de su abuela. Parece
mentira que ya tenga año y medio, es increíble cómo pasa el tiempo. Parece que
el día a día es lento, que todos los días son iguales que los anteriores, los
mismos madrugones, las mismas prisas, los mismos problemas y las mismas
preocupaciones. Pero luego miras atrás y dices ¿de verdad ha pasado tanto
tiempo? ¿de verdad he sacado yo a delante a esta ratita pequerrechiña, a este
cañamón? ¿de verdad es ahora una niña de año y medio?
Mi niña con nombre de
reina, cumple hoy año y medio. Y es una niña preciosa. Pensaréis, esta como
madre suya que es no va a decir otra cosa, y es cierto. Objetivamente es preciosa
y, como madre, es la más preciosa del mundo aunque eso ya no es tan objetivo. Ayer,
de caperucita, iba llamando la atención por la calle, todo el mundo sonreía al
verla, le dirigía unas palabras o le hacía una carantoña. Ay, qué caperucita
más guapa! Y yo, apuntillando, si, y el lobo feroz también. Pobre Parrulín, con
lo bonito que es él también.
Mi currusquita, es
una niña que siempre está alegre, siempre riendo. Una pequeña payasa a la que
le encanta demostrar todas sus monerías y hacernos reír, que incluso se aplaude
a sí misma cada vez que hace una gracia o que consigue alguno de sus
propósitos. Va saludando a todas las personas con las que nos cruzamos, a las
puertas, a las ventanas, a los perros… Siempre va diciendo Hola o Ayó a todo el
mundo, agitando su manita.
Mi pequerrechiña,
empieza a decir cositas nuevas. Además del papá
y mamá, tato (al hermano), teta, cheche (leche, cuando quiere un bibe), abua (agua), hola y ayó, dice el color
abul (azul), dice bebé a sus muñecos, dice muuu a la vaca y pepe a los patos, pollitos, gallinas y aves en general (por el
cuento del pollito pepe), dice bau bau
a los perros y a cualquier otro animal o dinosaurio. Dice Tiii cuando es un sí, y mueve la cabeza enérgicamente cuando es un
no. Dice ñam ñam cuando tiene hambre,
dice a dormir, a guardar y abañar,
aunque no significa necesariamente que quiera hacerlo. Dice zapato y titín (calcetín), especialmente para llamarte la atención porque se
los ha quitado. Dice yaya cuando me
ve hablando por teléfono pero si llamo a mi suegra para que hable con ella se
queda muda. Dice mono, por unos
dibujos del mono Bubba que le encantan y desde ayer dice lobo a su hermano cuando le ve ponerse el disfraz. Dice bapa (guapa) acariciándose la cara y mua cuando quiere un beso. Dice dame, toma y mía, exigiendo lo
que cree de su propiedad. Empieza a decir “frases completas” como damebebé
o tetamía, que debería decir al revés por cierto. Y dice pia, pia muy a menudo, que aún no hemos
pillado su significado.
Mi amor, ella no
es muy besuqueira, para mi desgracia, le dices que te de un MUA y te pone la
cara para que se lo des tú. Pero cuando sí que le apetece los reparte por
doquier. Al hermano no se lo niega nunca y después aplaude Bavo, bavo (bravo, bravo) creo que porque sabe que me encanta. Cuando
te abraza te da palmaditas en la espalda, menos a su hermano que se las da en
la cabeza diciendo pam, pam, pam,
pero no son el mismo tipo de palmaditas. Por las noches me despierta
constantemente para reclamar teta (año y medio sin dormir más de una hora
seguida! uf!) y últimamente me despierta para darme besos también. Por mucho
que me gusten los besos, a las cuatro de la madrugada casi que prefiero dormir,
la verdad.
Mi compañía, es
muy femenina, mucho. Le encantan unos zapatos, lo mismo un 45 de su padre que
un 20 suyo, todos le sirven para jugar. Yo me maquillo poco y sólo en navidad,
y no entiendo cómo en mi compañía ha podido salir tan femenina. Te viene con un
peine varias veces al día para que le des un repaso a su pelona cabecita. Te
exige colonia si coincide que me ve echármela. Te pide a menudo que le pongas
el tutú rojo de caperucita simplemente para estar por casa. Y ayer con el
disfraz de caperucita no se apartaba del espejo, se debía de ver favorecida. Le
dices que está muy guapa, se acaricia la cara y se alisa el vestido.
Si tengo que contar algo menos bueno de ella diré que
suspendió amarillo en la guarde, eso y el arrastre. Todavía no distingue el
amarillo, y el arrastre parece que no le interesa tirar de la cuerda, coge lo
que sea con la mano directamente, sin tirar de la cuerda. No aprobó el amarillo
ni en la recuperación, sigue suspensa. Ahora ha suspendido en partes del
cuerpo. Sólo distingue la nariz. Dónde está tu nariz? Y la señala. Dónde están
tus ojos? Y señala la boca. Dónde están tus orejas? Y señala la boca. Excepto
si se le pregunta por la nariz, el resto todo es boca. Se supone que debo enseñárselo
pero cuando hace eso me muero de risa, ella identifica que hace gracia y lo
repite todas las veces. Tal vez sí que lo reconoce pero prefiere jugar así, no
sé. Lo que no le interesa nada es aprender su nombre. Xoubiña cómo te llamas?
Xo-u-bi-ña. Y ella mueve enérgicamente la cabeza no, no, no, demostrando así
que no tiene ni el más mínimo interés en aprender su nombre. Insisto hasta que
se cabrea, porque genio tiene, no creáis que no y si le llevas la contraria te
lo demuestra bien.
Mi consuelo, hay
un dicho budista que dice: Siempre que ayudas a otro ser vivo a crecer
descubres que la verdadera sanación se produce en tu interior. Puede que sea
cierto. Mi reina tiene una sonrisa que resplandece toda la cara, sientes que se
ilumina la habitación y parece que entra un rayo de luz en mi corazón.
El melocotón de su
abuela, la abuela siempre la llamaba así mientras acariciaba la pelusilla
de su cabeza en sus últimos días con nosotros, la niña sigue sin tener pelo y
yo… yo sigo echándola de menos. Cuánto se hubiera reído ayer al verlos
disfrazados! Cuánto habría disfrutado viendo los avances de su melocotón!
Cuánto habría presumido de su nieto mayor! Parrulín sigue hablándome de la
abuela muchas veces. También me dice que no quiere pensar en ella porque si
piensa en ella se queda atascado en la pena. Qué listo es este chiquillo! Es una referencia muy gráfica, a
mí también me pasa. Sigo esperando que vayan pasando los días, sigo esperando a que duela menos y sigo teniendo miedo de sentir para no "quedarme atascada" en la pena.
Hoxe xa non hai dor,
xa non choro berrando, mais hai medo de sentir, e de non voltar sorrir e de
seguirte esperando. Hoxe xa non hai dor, non hai sangue brotando, mais hai medo
de sentir, e de non voltar sorrir e de seguirte esperando. (*)
Hoy ya no hay dolor, ya no lloro gritando, mas hay miedo de
sentir, y de no volver sonreír y de seguirte esperando. Hoy ya no hay dolor, no
hay sangre brotando, mas hay miedo de sentir, y de no volver sonreír y de
seguirte esperando.
Recogí
a Parrulín en el cole y de camino a la guardería para recoger a Xoubiña empezó
a llover, en unos segundos estaba lloviendo a mares. Parrulín tiene capucha
pero yo ni capucha ni paraguas ni nada de nada. Deja de llover pero estoy
empapada, tengo hasta escalofríos de lo que me he mojado y le digo a Parrulín:
Qué mal día, no me gusta nada el día que hace. “Bueno mamá, lo que toca, tocó!”
(Mira tú, como si él se conformara él con cualquier cosa!) Le voy a decir al
hombre del tiempo que mañana nos ponga otra cosa, que esto de la lluvia no me
gusta nada. “Pero mamá el tiempo no lo pone el señor del tiempo!” Que si,
cariño, que lo he visto en la tele que nos pone un sol o unas nubes o lo que le
apetezca y luego va y hace ese tiempo! (Voy riéndome sola con esta absurda
inversión de papeles, me encanta) “Que no mamá, que el tiempo no lo pone el
señor del tiempo, es que es sabio y sabe el tiempo que va a hacer y por eso te
lo dice” Cómo que es sabio? Cómo va a saber el tiempo que va a hacer? “Si mamá,
es un señor que observa cuánta agua se evapora para saber cuánta agua llevan
las nubes y si se van a cargar tanto como para que llueva” (Pues no está mal
encaminado el chiquillo) Ah, en serio? No sabía yo eso, cariño. Y cómo sabe
cuánta agua se evapora? “Pues porque vive en Galicia y lo ve en el mar!” Tú
crees? No puede ser. Entonces cómo sabe que va a llover en Madrid? “Pues porque
ve hacia dónde van las nubes y así sabe que esa nube va a Madrid y va a
llover.” Ah, con eso ya me queda todo mucho más claro! Jajaja! Me encanta
hacerle explicarme cosas. Qué mayor es ya mi Parrulín!
Al
llegar a casa se pone la medalla de ajedrez, mira que le ha gustado esa
medalla, con el disgusto inicial que se llevó! Y Xoubiña se la reclama a
gritos, se la quiere poner ella. Para mi sorpresa, se la deja encantado. No me
gusta que la niña se ponga nada al cuello e intento impedirlo. No se la dejes,
cariño, que se puede hacer daño y además es la medalla de campeón de ajedrez!
“Mira mamá, se la dejo porque ella también es una campeona” Pero si no sabe
jugar al ajedrez! “No, pero es la campeona de hermanas pequeñas” y le da un
besazo enorme. Mira que es lindo y cariñoso este niño, se me cae la baba con él
pero cuando veo la relación que tienen entre los hermanos, más todavía. La niña
es un poco reticente a dar besos, me paso el día reclamándoselos y consigo
pocos, la verdad, pero si se lo pide el hermano se lo da siempre! El otro
encantado, piensa que me celo, pero lo cierto es que me hace muy feliz.
Después
de una semana cosiendo los trajes de carnaval, levantándome media hora antes
para adelantar un poco, cosiendo como loca en el cercanías y en el metro, ayer a
última hora terminé los disfraces, excepto las garras de los guantes de lobo
que he terminado esta mañana, ahí al límite, que me gusta el riesgo. Anoche hicimos un ensayo general,
la niña con la capa y la falda y él sólo con la parte de arriba de su disfraz.
Les hago fotos y le digo que si quiere verse en el espejo lo guapo que está. Su
comentario al verse fue el siguiente “No está mal, mamá, pero parezco una
oveja!” Y no sé si reír o llorar.
Aquí
una muestra del resultado final de los disfraces. El aspecto del lobo sin la cabeza dentro resulta raro, me recuerda a la sonrisa del gato de Chesire, pero luego se estira cuando lo tiene puesto. Falta la cestita de
caperucita, pero la tiene, la tiene. Ups! Se me olvidó meter a los niños dentro
antes de hacer la foto! Jajaja!
Y esta
tarde tengo que teñir un body y unos leotardos de negro para la guardería de
Xoubiña. Con eso daré por terminado el período de carnaval. Hasta la siguiente.
O hasta que me vuelva a meter en otro berenjenal.